top of page

EL MITO DE LA RECONQUISTA (Y 4)

  • Antonio
  • hace 7 minutos
  • 7 Min. de lectura
Los mitos de la "reconquista" rotos por la historia
Los mitos de la "reconquista" rotos por la historia

En los tres artículos anteriores hemos asistido al desarrollo de Al Andalus, insistiendo en el florecimiento cultural de integración entre las culturas goda-cristiana, árabe-bereber y hebrea de las que tenemos una muestra amplia de las huellas dejadas por esa coexistencia pacífica, aunque no exenta de tensiones, debido al pragmatismo del nuevo poder y de algunos dirigentes locales herederos del reino visigodo. Y este período, asimismo, contrasta con un rancio nacionalismo centralista y supremacista promovido, en nuestra historia reciente, por una dictadura nacional católica ensamblada contra el rojo como cruzada bendecida por el mismo Dios a través de la iglesia española. España tenía que ser una unidad de destino en lo universal, una grande y libre, que nació de la reconquista mítica de D. Pelayo contra el moro invasor y que se fue agrandando, extendiendo, gracias al arrojo y valor de tipos como D. Rodrigo Díaz de Vivar apodado el Cid Campeador. Mitos y leyendas creados para fortalecer una posición identitaria pero muy lejos de la realidad histórica, de la verdad de lo acontecido. Es más, las mismas huellas dejadas en la arquitectura o en la ingeniería civil no dejan lugar a la duda que la invasión no existió. Edificios como iglesias románicas, por ejemplo, no hubieran resistido a un proceso de destrucción y avasallamiento algo que, por ejemplo, sí ocurrió con la reacción del poder godo-cristiano que intentaba barrer, eliminar, aquello que fuese obra del mundo andalusí o hebreo. Estos mitos creados, para gloria de los poderes oligárquicos y dinásticos del momento, no fueron una casualidad sino la consecuencia de una visión que los reinos cristianos del norte (Asturias, León y Navarra) tenían de su papel en la historia como restauradores además de legitimar sus campañas militares que debían atraer el apoyo papal. Una misión divina en pleno desarrollo de la Edad Media a través de figuras como Alfonso VI, Alfonso VII, o Fernando III (de Castilla) apodado “el santo” lo que ya da idea de por dónde iba la vaina. La expansión feudal de reyezuelos solo fue posible por la descomposición de Al Andalus y, por tanto, por su debilidad interna al haberse fragmentado en múltiples taifas que, además, con sus parias o tributos estaban engordando el poder de estos reyezuelos o de señores de la guerra además de recibir protección contra la posible agresión de otras taifas. Y así iba creciendo y fortaleciéndose el mito de la misión divina hasta alcanzar el culmen con los denominados reyes católicos cuya operación de suma de dinastías se usa, además, por la derecha española como principio fundacional de la España “gloriosa” que, en realidad, no fue otra cosa que la concentración de poder de dos coronas, con sus respectivos intereses, sellada por matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón cuyo apelativo de católicos parece que les viene por el papa Alejandro VI en reconocimiento por la defensa de la iglesia y la propagación del catolicismo. Con esto ya casi podemos deducir por qué la derecha española es tan de reyes católicos: poder monárquico-iglesia. Dos poderes concentrados en uno que se agranda y consolida no, precisamente, por vía pacífica ya que para lo expuesto crearon la inquisición española en 1478, lo que -mediante bula papal- les daba carta blanca a perseguir al no cristiano o al converso del que sospechaban que no era sincero. El poder absoluto había cobrado forma mediante esa simbiosis iglesia- monarquía que, en realidad, no era otra cosa que afianzar los intereses personales de ambos monarcas, los de las élites que les acompañaban, los de la propia iglesia con sus dominios, frente a la amenaza de gente indeseable como podía ser la comunidad hebrea, o la romaní asentada. En definitiva lo que nos vendieron de toda la vida como reyes católicos no son otra cosa que dos representantes del supremacismo social, político, religioso y, por tanto, ideológico-cultural, así como -igualmente-racial ya que no se entiende ninguna posición supremacista si no contiene en esencia desprecio hacia lo diferente como ocurrió con el pueblo romaní emitiendo la Pragmática de Medina del Campo en 1499 por la que se ordenó la sedentarización forzosa del pueblo gitano, para lo cual había que saber dónde vivía cada una, qué oficio tenía y qué impuestos pagaba. Pero este supremacismo de la corona española (castellano-aragonesa) se extendió (cómo no) hacia el continente americano sentando las bases de la segregación pura y dura que distinguía a los nativos de españoles, que crea la esclavitud africana y establece un sistema de castas como mestizo, mulato, zambo, castizo, morisco, etc. Esta corona y lo que representa justifica sus acciones ideológicamente a través de la religión, y es así como expulsa a los judíos en 1492, se procede a la conversión forzosa de musulmanes en Castilla en1502, y en Aragón en 1526, procediéndose -además- a la persecución sistemática de conversos. El mecanismo de control, como ya he apuntado, era la inquisición. Pero las bases sentadas para la política interna se extiende por el continente americano, una vez comienza ese proceso de expansión y sometimiento dando origen, en alguna forma, a un orden segregacionista global. Por tanto no es de extrañar, entonces, los delirios imperiales de la derecha española en connivencia con la cipaya americana. Y así, pues, es como nace la “pureza de sangre” española sustentada en el pedigrí religioso que, a su vez, es la base del reconocimiento de la superioridad legítima para gobernar u obtener privilegios. Pero con este repaso introductorio tampoco es suficiente si no entendemos de cómo se construyen los relatos sobre mitos. Cómo, por qué y para qué se crean y se extienden por siglos a través de distintos medios de propaganda (más que de conocimiento) como las instituciones educativas en cada época o los púlpitos de las iglesias. Así es como se introducen las siguientes figuras emblemáticas del nacionalismo español o del españolismo:


1. Pelayo: el mito fundacional

Qué dice el mito

  • Noble visigodo que, tras la caída del reino, lidera la primera resistencia cristiana.

  • Vencedor milagroso en Covadonga.

  • Fundador del reino de Asturias y del proyecto de “reconquista”.

Qué sabemos históricamente

  • Fue un noble local con un pequeño grupo de seguidores.

  • Covadonga fue una escaramuza menor, no una gran batalla.

  • El mito se construye dos siglos después, bajo Alfonso III, para legitimar la continuidad visigoda.

  • No existía ningún proyecto de “reconquista” en el siglo VIII.

Función ideológica

  • Crear un origen heroico.

  • Dar continuidad entre visigodos y reinos cristianos.

  • Justificar la expansión hacia el sur como “restauración”.


2. Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid: el héroe nacional inventado

Qué dice el mito

  • Caballero cristiano perfecto.

  • Defensor de la fe.

  • Modelo de virtud, lealtad y patriotismo.

Qué sabemos históricamente

  • Fue un mercenario que sirvió tanto a musulmanes como a cristianos.

  • Su título “Cid” proviene de Sidi (“señor” en árabe).

  • Su figura se engrandece en el Cantar de mio Cid, obra literaria del siglo XII.

  • No representa ninguna lucha religiosa, sino intereses personales y feudales.

Función ideológica

  • Crear un héroe nacional para la Castilla medieval y, más tarde, para el nacionalismo español del XIX.


3. Don Rodrigo, último rey visigodo

  • Qué dice el mito

  • Su derrota en Guadalete es castigo divino por su vida licenciosa.

  • La “traición” del conde don Julián y la violación de Florinda la Cava explican la caída del reino.

  • Qué sabemos históricamente

  • No hay evidencia de violación ni de traición.

  • El reino visigodo ya estaba fragmentado y debilitado.

  • La derrota fue consecuencia de luchas internas, no de un pecado moral.

  • Función ideológica

  • Convertir la caída visigoda en un relato moralizante.

  • Justificar la necesidad de una restauración cristiana.


4. Santiago Matamoros (el mismo del camino...)

Qué dice el mito

  • Aparece milagrosamente en batallas contra musulmanes.

  • Se convierte en patrón de la lucha cristiana.

Qué sabemos históricamente

  • La iconografía de Santiago como “Matamoros” surge en el siglo XII, no en el VIII.

  • Es una construcción propagandística para legitimar campañas militares.

  • No hay registro de ninguna aparición milagrosa en época temprana.

Función ideológica

  • Sacralizar la guerra.

  • Convertir la expansión territorial en cruzada.


5. Los “reyes fundadores” de los reinos cristianos

Incluye figuras como:

  • Alfonso I (Asturias)

  • Sancho III el Mayor (Navarra)

  • Ramiro I (Aragón)

  • Fernando I (Castilla)

Qué dice el mito

  • Reinos cohesionados, con proyectos claros de recuperación territorial.

  • Líderes visionarios de una empresa común.

Qué sabemos históricamente

  • Eran señores feudales con intereses locales.

  • Sus alianzas con musulmanes eran frecuentes.

  • No existía un proyecto unificado ni continuo.

  • La idea de “España” no existía como tal.

  • Función ideológica

  • Crear una línea de continuidad hacia la monarquía hispánica.

  • Reforzar la idea de una “misión histórica”.

6. Los “reyezuelos” de taifas

Qué dice el mito

  • Gobernantes débiles, decadentes, entregados al lujo.

  • Incapaces de resistir a los cristianos.

  • Pagaban parias por cobardía.

Qué sabemos históricamente

  • Eran políticamente sofisticados, con cortes cultas y economías dinámicas.

  • Las parias eran instrumentos diplomáticos, no señales de debilidad.

  • Muchos reinos cristianos dependían económicamente de ellas.

  • La supuesta “decadencia” es un tópico literario, no un hecho.

Función ideológica

  • Justificar la expansión cristiana como “inevitable”.

  • Presentar a Al-Ándalus como un mundo en declive.

7. La “unidad cristiana”

Qué dice el mito

  • Los reinos cristianos actuaban como un bloque unido contra el islam.

Qué sabemos históricamente

  • Hubo más guerras entre cristianos que entre cristianos y musulmanes.

  • Las alianzas cruzadas eran constantes:

    • cristianos con musulmanes,

    • musulmanes con cristianos,

    • cristianos contra cristianos,

    • taifas contra taifas.

Función ideológica

  • Crear un relato épico de “nosotros contra ellos”.

  • Borrar la complejidad política real.

8. La “España reconquistada”

Qué dice el mito

  • España existía antes del 711.

  • Fue “ocupada” y luego “recuperada”.

Qué sabemos históricamente

No existía una entidad llamada “España” en el siglo VIII.

  • La idea de nación es moderna, no medieval.

  • La Península fue siempre un espacio plural, mestizo y cambiante.

Función ideológica

  • Crear una narrativa nacional continua.

  • Justificar la unidad política posterior.

9. La “convivencia idílica” o “convivencia imposible”

Dos mitos opuestos:

  • Convivencia perfecta entre las tres culturas.

  • Convivencia imposible por choque civilizatorio.

Qué sabemos históricamente

  • Hubo convivencia, tensiones, alianzas, conflictos y cooperación.

  • No fue ni un paraíso multicultural ni una guerra perpetua.

  • Fue una sociedad compleja, como cualquier otra que es multicultural y multirracial

Función ideológica

Según la época, se usa para:

  • idealizar Al-Ándalus,

  • demonizarlo,

  • justificar políticas contemporáneas.


CONCLUSIÓN


La Reconquista no es un hecho, sino un relato construido a partir de:

  • héroes enaltecidos,

  • batallas magnificadas,

  • reyes convertidos en símbolos, enemigos demonizados, y una narrativa lineal que nunca existió.

Lo que hubo realmente fue:

  • pluralidad,

  • pactos,

  • guerras internas,

  • alianzas cruzadas,

  • y una Península en constante transformación.


En definitiva el relato identitario parte de premisas falsas con lo cual se proyecta desde la manipulación histórica, y que el mismo nace, crece y desemboca en las élites dominantes de cada momento histórico desde el S. VIII hasta el momento actual, en el que -justamente- la derecha ideológica y política hace apología de ese relato para seguir justificando su posicionamiento supremacista que, sin lugar a la duda, entronca con los intereses de las élites dominantes. Si no lo entendemos desde el materialismo histórico seguiremos creyendo en los mitos creados expresamente para los fines que hoy vemos pero, aún peor, no seremos capaces de eliminarlos dándoles el contexto adecuado.


Comentarios


© 2025 Pensamiento Crítico | Blog de opiniones, análisis y emociones
 

Todos los textos son obra del autor de los mismos

AVISO LEGAL

Este blog no recopila datos personales de los visitantes. No existen formularios de contacto, suscripción ni mecanismos de recogida de información identificable. Si en el futuro se añaden funcionalidades que impliquen la recogida de datos, esta política será actualizada para reflejarlo. Última actualización 15 de marzo de 2026

​​

​​

bottom of page