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LUCHA DE CLASES: NADIE SIN TECHO DIGNO

  • Antonio
  • hace 2 minutos
  • 11 min de lectura

La lucha por tener una vivienda digna a día de hoy es uno de los pilares de la actual lucha de clases, que debe renovarse en objetivos y en medios ciertamente. La clase trabajadora tiene muchos frentes sobre los que batallar, muchos que se les abren y algunos que no cierran. El problema que tenemos en la clase trabajadora es la falta de conciencia colectiva como base principal, que -a su vez- genera esa sensación de no pertenencia, de abandono, de pérdida, de desamparo, aunque todo muy inconsciente. Una sensación de desclasamiento porque apenas hay una interlocución social válida que empuje en la dirección correcta de cohesionar las necesidades de la clase trabajadora, de la gente explotada y oprimida no ya solo por los poderes económicos (privados) sino por las administraciones en sus diversas manifestaciones, sea local, provincial, autonómica o estatal. Cuando hay un marco jurídico común, léase Constitución, que no va a puerto alguno, que es papel mojado desde el mismo momento que se plasmó la firma, no hay una base de confianza. O dicho de otra forma, cuando se constata en la práctica que lo expuesto se convierte en una gran farsa es cuando nos sentimos como la cometa en manos de un niño y a merced del viento.

Los derechos se conquistan con lucha y se pierden cuando ésta se abandona o no se acometen nuevos retos. Ciertamente que la clase trabajadora ha ganado derechos, pero los mismos que pueden ir pasando a mejor vida cuando decides que tu participación en la sociedad se limita a emitir un voto cada cuatro años y, además, al verdugo que te va expoliar esos derechos. Es algo que no entra en la lógica racional fácilmente pero es la realidad. Una situación a la que hay que poner, digamos, culpables, señalar las responsabilidades históricas de quienes debían tener el mandato de formar conciencias, de cohesionar intereses, de dotar de instrumentos de lucha inteligente contra los distintos poderes. Se llaman sindicatos de clase, esos que históricamente surgen del movimiento obrero más combativo pero que con el devenir del tiempo acaban siendo meros agentes intermediarios entre las necesidades de la clase a la que dicen representar y el explotador. Le llaman paz social, un mantra que fue cogiendo fuerza en España a partir de los años 90. Recibir las migajas del capital sin más, con resignación porque no se puede hacer otra cosa es abandonar los principios fundacionales del movimiento obrero revolucionario allá por el S. XIX. ¿Podemos decir que las condiciones objetivas de la clase trabajadora han cambiado mucho en siglo y medio o algo más? Aparentemente sí, pero como las conquistas se sustentan en un sistema político de democracia liberal que se apañó para que las élites pudieran seguir dominando pero con un barniz democrático entonces habría que poner en duda el alcance real de los logros. Ocho horas de trabajo como jornada máxima pero las horas extras se dejan de abonar en casi la mitad de los casos. Igualdad de oportunidades para mujeres, relativamente. La brecha salarial es bastante amplia llegando en algunos casos a casi el 30% de diferencia. No discriminación por diversas razones, sí pero no. Las trabas pueden esconderse hacia perfiles más vulnerables, que pueden esconderse bajo el concepto de discrecionalidad a la hora de escoger uno u otro perfil. Puedo perderme en mil detalles de derechos aparentemente conquistados, pero voy a centrarme en el económico porque es el factor determinante en las relaciones sociales de producción. El que me dice si llego a final de mes o no con mis gastos cubiertos, desde hipoteca o alquiler, hasta energía (luz, agua, gas), comunicación, alimentación, medios personales como ropa de vestir, de hogar, calzado, transporte, educación tanto si hay hijXs como si no, ocio, etc. En realidad, si observamos adecuadamente la economía doméstica es la de una microempresa que va a estar condicionada por personas que no aportan a la unidad de convivencia (menores o mayores sin empleo). Tu vida y la de tu gente la deciden otros por ti sería una primera conclusión antes de continuar. Cuando una empresa te paga ajustada a convenio, puede ser todo muy legal pero insuficiente porque lo que se firmó fue una claudicación. Los sindicatos que negociaron por ti pactaron pero no combatieron. En el mejor de los casos la subida salarial se ajusta al IPC más algún pequeño coeficiente de propina. O sea, en lo práctico es nada. El IPC es un indicador que las estadísticas oficiales (INE) nos proporciona a fin de año como forma de guía para revisiones, negociaciones etc. Pero es un indicador engañoso sobre la vida cotidiana, la economía real de quien depende de una retribución por nómina. Y vamos a ver algunos casos muy concretos, y que afectan no poco a cada bolsillo con datos del año 2025 partiendo, asimismo, de un simulacro de salario mediano-bajo de 1.300 € netos mensuales para comprobar cómo sobre tres segmentos como alimentación, vivienda y energía el poder adquisitivo de esta persona pierde puntos porque, en realidad, el IPC es un indicador erróneo que no se ajusta a la realidad microeconómica, a la del día a día de la clase trabajadora.


Vivienda: Se comía, durante el año 2025, alrededor del 45 por ciento de la nómina. O sea unos 585 €/mes. Si a ello le sumamos una subida anual de 6,2% el incremento es de 36,27€ y el importe final a abonar mensualmente, entonces, es de 585+36,27 = 621,27 €


Alimentación: El importe que absorbía de un salario es del 25% (325€ mes). Si le sumamos un incremento del 3% a este grupo (9,75 €/mes), lo que debe reservar al siguiente ejercicio es de 325+9,75 = 334,75 €/mes


Energía-combustible: De media un 15% del salario (195€-mes) más un incremento a final de año del 8% (15,6 €-mes), nos lleva hasta 210,6 €-mes.


Solamente en estos tres segmentos de gastos sobre un salario de 1300 €/mes, la persona trabajadora ve incrementado su gasto al año siguiente en 61,62 €/mes y su liquidez mensual para poder abordar otros gastos es 1300-(621,27+334,75+210,6) = 133,38 €. Dicho de otra forma, hacer frente a peluquería, ocio, algún regalo o gasto imprevisto, es una tarea imposible para una nómina que, por cierto, la he contemplado en su cuantía neta, líquida, después de las retenciones IRPF y Seguridad Social. Si en términos reales de lo cotidiano el incremento mensual de estos tres grupos es de 61,62€ significa que la inflación aplicable en estos tres grupos es del 4,74% (61,62/1300). Ahora, bien, si aplicamos una subida oficial del IPC y éste se sitúa en torno al 3% la pregunta es ¿cuánto poder adquisitivo estamos perdiendo realmente a nivel individual? Porque, ojo, aquí estoy haciendo un simulacro sobre una sola nómina sin otras cargas familiares al respecto. El IPC es engañoso porque no mide la distribución del valor, ya que quien la produce es esa persona trabajadora sobre la que no se produce retorno alguno. Por tanto estamos ante un problema estructural que parte de un engaño, una especie de triquiñuela estadística donde, por ejemplo, se mide lo que sube la energía-combustible pero no por qué sube y quién gana ese porcentaje de subida. Esta es una espiral de la que los sindicatos o no han sabido o no han querido salir, centrándose exclusivamente en homologar las subidas salariales en función de la que marca el IPC y, como mucho, algún regalo porcentual añadido del 0,25, 0,5 o 0,75 según el convenio de turno. Una espiral de pérdida para la clase trabajadora, se mire por donde se mire, ya que no hay beneficio de retorno. Cuando los precios cabalgan a su aire asoma la especulación que es donde el beneficio es más obsceno, y esto es lo que ocurre -ciertamente- en los tres segmentos indicados. Especulación es obtener un beneficio impune que no se justifica. La vida real nos dice que, inicialmente, mi economía se ve mermada en casi un 5% y la oficial que es sobre un 2,7%, que la vivienda se le aplica -de media- una subida de +6,2% pero ya sabemos que esto no es así ni para alquileres ni para hipotecas. He querido centrar la reflexión en tres segmentos básicos de la existencia partiendo de la base de tener un techo, pero qué es lo que está ocurriendo en la realidad y sobre la que un gobierno “progresista” no está actuando y sobre la que la derecha está actuando bloqueando la ley de vivienda para, por ejemplo, declarar zonas tensionadas y, a partir de ahí, regular precios. Debemos preguntarnos por qué la vivienda se ha convertido ya en un elemento central en la expresión de la lucha de clases por parte de la mayoría social y, por tanto, debemos saber identificar a los enemigos ya sean por inacción u omisión o por acción contraria. En el caso de la sociedad española, hay varios tipos de enemigos aunque, por cierto, algunos estén disfrazados de “amigos”:

  • El Estado, por inacción o acción pro rentista, a través del gobierno central

  • Las CCAA donde gobiernan PP-Vox (en la mayoría), por bloquear la legislación vigente para declarar zonas tensionadas y, de esta forma, poder contener la subida de precios sobre todo en alquileres

  • Los sindicatos mayoritarios por no entender la lucha por tener una vivienda asequible como eje de la lucha de la clase trabajadora en estos tiempos, más allá de cualquier tipo de negociación de convenio o de incremento del SMI. ¿De qué sirve una subida salarial, según he expuesto, si ni siquiera puedo cubrir la vivienda y los gastos que conlleva vivir en ella? Ciertamente, una vez más, los sindicatos llamados de clase están demostrando ser parte del sistema y, por tanto, del problema que acogota a una inmensa mayoría de la población trabajadora. Gente que trabaja en hospitales, hostelería, con nóminas superiores -incluso- a los 1500 euros mensuales y tienen que vivir en una caravana porque no hay vivienda disponible. Si los sindicatos no se movilizan apoyando e impulsando luchas para acceder a un techo asequible y digno, son parte del problema

  • Por supuesto, los partidos políticos y organizaciones sociales que o bien favorecen actuaciones contrarias a la mayoría social o, cuanto menos, se inhiben de este problema que es de emergencia social. Y aquí entran en juego los intereses creados de quienes legislan al respecto y tienen propiedades en alquiler.

  • Un enemigo emergente cual es las empresas de desocupación, con vínculos neo nazis y actividad que no se entiende muy bien cómo puede estar legalizada cuando se dedican a la extorsión, coacciones físicas, amenazas, etc., y -lo peor aún- con la anuencia de la Policía, sobre todo si nos atenemos a la existencia de un gobierno progresista

  • Un enemigo común, la propia clase trabajadora desmovilizada y que luego justifica con su voto las políticas regresivas del derecho a una vivienda digna y asequible como derecho humano pero no se lanza a formar parte de las nuevas expresiones de lucha como los Sindicatos de Inquilinas o algunas históricas como los movimientos anti desahucios, surgidas sobre todo a partir de la estafa bancaria de 2008


La lucha de clases, en términos básicos, consiste en hacer que la riqueza se reparta sin que existan ricos que no quieran repartir. Esto traducido a lo expuesto: la mayoría social genera un valor por su trabajo, por su esfuerzo, por la venta o alquiler de su tiempo, cuyo beneficio no retorna a quien lo produce. ¿Quiénes se quedan ese beneficio? Bancos, cadenas (especulativas) de distribución, energéticas, rentistas que pueden ser fondos de inversión o buitres, activos bancarios, y particulares, de forma que cada cual se lo queda de una forma. Si en el caso de la vivienda ésta ha sido comprada, el banco es el principal ganador además de la parte vendedora que, asimismo, habrá intentado especular con el precio de salida. Si es en alquiler, aquí los enemigos se diversifican y la transferencia de renta se produce, principalmente, hacia fondos de inversión y particulares rentistas que, además, viene acompañado de otros fenómenos que corren en paralelo como la gentrificación y la turistificación. En el primero, barrios humildes ven cómo su entorno urbano se transforma para ir albergando en los alrededores zonas residenciales de cierto poder adquisitivo lo que, asimismo, obliga al desplazamiento de residentes habituales sobre todo quienes vivían bajo régimen de alquiler. Esto es lo que viene ocurriendo en grandes capitales y sus centros urbanos que, además, desplazan la presión hacia la periferia. En el segundo, la turistificación, la puesta en alquiler temporal para gente de paso o turistas en cuyo caso están las plataformas como AirBnb, en su mayoría ilegales o irregulares en su conformación como tal vivienda turística. Estos dos modelos habitacionales han posibilitado, ciertamente, a una subida galopante de los alquileres donde de media se valora la subida acumulada en un 60% en los últimos diez años, pero que puede alcanzar el 100% en bastantes más casos de los que creemos saber. Esto ha dado paso, asimismo, a la convivencia forzada, no deseada, con gente a veces indeseable aunque, eso sí, el relato te lo quieran vender como coliving o compartir la vida. Nada de eso es verdad. En un país donde existen prácticamente cuatro millones de viviendas vacías, el “problema” está en los okupas y no en los fondos de inversión cuando la ocupación se reduce a un ínfimo porcentaje real y sobre viviendas vacías de bancos, con medidas tan estúpidas como incrementar el parque de vivienda construyendo más mientras Caixa Bank y los fondos de inversión atesoran miles de viviendas con agresivas subidas de alquileres para echar a la gente de sus casas, de sus raíces, desposeerlas de sus lazos comunitarios para reconvertirlas -cómo no- en viviendas turísticas o de mayor poder adquisitivo. Por tanto en esta lucha de clases hay que entablar alianzas sociales y políticas, expresiones diferentes para una misma realidad, de quienes propugnan un cambio profundo en el actual modelo habitacional y convertirlo en un derecho humano (lo que es) pasando por encima de la especulación. En esa lucha hay que ir a por todas, con todo y contra quienes quieren impedir que la gente sea feliz, tenga un hogar estructurado y no tenga que vivir en una furgoneta aun teniendo un salario decente que ya no lo es tanto por lo que vengo relatando.

Si no somos capaces de señalar dónde tenemos el enemigo, aunque se disfrace de amigo, si no somos capaces de identificar claramente dónde el problema y dónde la solución, no vamos a saber distinguir -entonces- quiénes están por transformar y quiénes por conservar lo que hay que ya es una miseria. Cuando la gente no puede abordar siquiera un alquiler mensual no podrá, igualmente, hacer un plan de vida para construir una familia o vivir con autonomía si así lo prefiere, o se tiene que desplazar, en el mejor de los casos, fuera de su entorno a muchos kilómetros, o se tiene que rendir como ya he expresado viviendo en una furgoneta, en una infravivienda o compartiendo espacio (que no existencia) abonando por una habitación lo que antes se hacía por la vivienda completa. Nos están robando, así como suena, a manos llenas y casi nadie mueve un dedo para que ello no pase. Es hora, pues, de ponerse en pie para recuperar no solamente la dignidad sino la capacidad de vivir dignamente, sea como sea y por los medios que sean. No es hora de defenderse sino de contraatacar, de mover ficha y darle un jaque mate a la partida. Es la valentía la que mueve el mundo, la que hace posible que las cosas cambien. Intervenir los precios de ventas y alquileres y toparlos no ya al 40 sino al 50%, intervenir las viviendas de fondos buitres y entidades como CaixaBank con obligación de ponerlas en alquiler o venderlas con precio estipulado de antemano o, en su defecto (mejor aún), expropiar por el interés general todo lo que se pueda para ensanchar el parque público de vivienda y, de esta forma, dotarlo de precios asequibles que no superen el 25-30% de la nómina sobre la que se avala una operación inmobiliaria, regular la actividad inmobiliaria para que no inflen precios sobre lo estipulado por la parte vendedora, expulsar del mercado a las plataformas de alquileres turísticos cuyo parque se debería reducir a la mínima expresión, congelar transferencias a CCAA que incumpliesen ejecuciones presupuestarias destinadas, por ejemplo, a vivienda bajo las especificaciones presupuestarias previas. Esto es tan solo un apunte de un problema estructural que hay que tocar a fondo. Un problema que está afectando a millones de personas en este país a las que se les está robando la vida. Tomar conciencia de esto es importante, es fundamental, para implementar cualquier medida que favorezca la cohesión de la clase trabajadora que, a su vez, debe elevar la mirada y dejar la subyugación atrás. Dejar de lesionarse a sí misma identificándose (con el voto) con quien va a quitarte la vida, en algunos casos literalmente.

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