CUARENTA AÑOS DE UNA TRAICION
- Antonio
- 13 mar
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La actitud del PSOE, allá por 1986, fue la de traicionar su posición inicial, aunque ambígua, que decía De entrada OTAN NO cuando ganó las elecciones en el año 1982 ya que para junio de 1986 debía efectuarse nuevamente un proceso de elecciones generales, con lo que el referéndum debía hacerse poco antes del mismo por cuestiones estratégicas y de imperativo legal. Aquella ambigüedad, propia del PSOE y de la socialdemocracia en general, de puede que sí y puede que no, creo que era calculada para no generar un desgaste innecesario durante años en la primera legislatura que un partido supuestamente progresista ( de izquierda no sé yo a tenor de lo vivido) alcanzaba el gobierno, y cuotas de poder, en el postfranquismo y, con ello, ir dando carpetazo a la transición modélica que nos vendieron.
Quienes militábamos en organizaciones de izquierda, pacifistas o antimilitaristas, vecinales etc., íbamos constituyendo los comités anti OTAN que surgían a lo largo de la geografía nacional, en cuyo frente común germinó lo que sería Izquierda Unida que, inicialmente, se iba denominando Plataforma de Izquierda Unida aunque, con matices, en Andalucía tenía -con Julio Anguita al frente- un proyecto que era el de Convocatoria Por Andalucía, más amplio en su concepción que el de la propia Izquierda Unida que emergería tanto que las siglas, finalmente, ante los procesos electorales eran Izquierda Unida-Convocatoria Por Andalucía- Los Verdes. Dicho proyecto a nivel estatal tuvo como líder al minero Gerardo Iglesias, secretario general del PCE, y primer coordinador general de Izquierda Unida hasta 1989. Ese movimiento tectónico que se produjo en la izquierda, nacido de un frente común anti OTAN, también generó expectación tanto como la capacidad de movilización social contra la entrada en una estructura militar que no nos hacía más fuertes sino más supeditados a la doctrina imperialista de EEUU y ponernos en el punto de mira de cualquier enemigo del mismo. Los años, a día de hoy, nos ha demostrado que no por perder el referéndum se tenía menos razón, y esta pérdida -inesperada de alguna forma- de la posición favorable a no entrar en la OTAN bajo estructura o adhesión alguna sumió a la sociedad más consciente en un enorme desconcierto. Lo expuesto hasta aquí es una mera introducción de un proceso que, como otros, tuvo un antes, un durante y un después. El antes necesitaba marcar posiciones nítidas, una foto fija, para que la ciudadanía no se confundiera pero, he aquí el asunto, el PSOE como partido alfa del nuevo régimen del 78 no iba a dar muchas pistas al respecto entre otras cuestiones porque no tenía trabajada toda la estrategia. Necesitaba el control del relato y, por tanto, hacerse con los mandos de medios de comunicación afines y sus comunicadores estrella como altavoces de su posición que pasó de ser de “entrada no” a “en interés de España, vota sí”. Un partido que ganó con una abrumadora mayoría de 202 escaños las elecciones de 1982, atrayendo a sus filas gente del extrarradio de la izquierda o de grupos llamados extremistas como los de la LCR, ORT y demás..., presentándose como la única alternativa de izquierda (entonces) confiable que llamaba al consenso (la retórica de siempre) tenía que seguir siendo ese paraguas de bienestar, estabilidad, nada aventurero, y de integración y reconocimiento de España en el concierto internacional que, por otra parte, debía pasar por la integración en la OTAN puesto que en la CEE ya estábamos desde ese mismo año de 1986. O sea había que surfear con las olas a favor, no se podía esperar, pero debían encajar todas las piezas para armar el puzzle que diera la victoria, que refrendara sus posiciones. Y un partido que traicionó sus postulados iniciales, los de su fundador Pablo Iglesias Posse, en el Congreso de Suresnes no iba a perder la oportunidad de volver a las andadas de traicionar sus propias posiciones aunque éstas fueran muy cautelosas. Y así ocurrió con el lema recogido en la fotografía que ilustra este artículo y que representa exactamente el sentido de la traición, aunque hay quienes prefieran llamarlo evolución. Lógicamente la prensa lacaya del imperialismo yanki se alegró del resultado, la misma que vino trabajando por el SI a la entrada. Así que teniendo el poder mediático a mi favor solo era cuestión de poco tiempo el convocar el referéndun para ganarlo y de paso, cara a las inmediatas elecciones generales, someter a chantaje al electorado mediante el dilema de si no estoy yo será el caos. Y eso fue lo que pasó. Pero estos cuarenta años no quedan ni pueden quedar en el olvido ante la barbarie que estamos viviendo donde el jefe de la OTAN es un psicópata, megalómano, violador convicto y pederasta relacionado con la red Epstein, ha roto el derecho internacional tirándolo al vertedero secuestrando a Nicolás Maduro, apoyando en firme a Israel en su genocidio contra Palestina (antes Joe Biden), arrasar Líbano, invadir Irán ahora, atacar Yemen, amenazar a medio mundo con aranceles etc. Cuarenta años desde aquella aprobación de pertenencia a una organización que, además, ha servido para emprender acciones encubiertas para promover revueltas internas en países para desestabilizarlos o destrozar la antigua Yugoslavia, en suelo europeo. La OTAN surge como respuesta al bloque soviético pero al desaparecer éste su sentido ya se debía haber perdido pero no fue así. Esto sirvió para convertir a la organización en hegemónica, única, en un mundo unipolar hasta que emergen otras economías globales como, por ejemplo, la de China que es el gran dolor de cabeza de EEUU y el principio del fin de su hegemonía política- económíca -científica y también lo será militar. La OTAN, dirigida ahora por el gran bufón y lacayo Mark Rutte, es un ente que ha ahondado el peligro que supone seguir manteniendo la pertenencia al mismo, que solo sirve a los intereses bastardos de EEUU quien, por otro lado, se atreve a amenazar de anexión territorio de otro país miembro (Groenlandia, perteneciente a Dinamarca), o de imponer aranceles sin respetar siquiera a esos países miembros en la órbita militar. Y, además, imponiendo un brutal incremento en el gasto militar hasta el 5% del PIB cuyo material se le compra a EEUU para, además, costear sus guerras abiertas en medio mundo. Un negocio redondo para el amo que se lleva hasta el hueso del perro. Y el PSOE, a lo largo de estos años, ha alimentado mientras gobernó a este monstruo permitiendo, además, el uso de las bases militares en suelo español hasta ahora pero que, ojo, no es suficiente con decir por ahora no o para esta guerra no. Se trata de fomentar la cultura de la paz desconectándose de estructuras militares como estas, apostando por la diplomacia, parando el rearme con el mayor incremento en gasto militar en estos 40 años, apostando por una sociedad desmilitarizada. Pero eso no es lo que está ocurriendo aunque se invoque el lema del “no a la guerra”. Una reacción tímida puede parecer contundente por el momento o contexto pero, en su esencia, no deja de ser timorata. Una reacción valiente, después de los exabruptos del psicópata Trump, hubiese sido ya convocar un referéndum para la salida de la OTAN y apostar, ahora sí, por una salida sin ambigüedad. Una salida que no dijese de “entrada sí” sino una salida definitiva entre otras cuestiones porque el escenario de ahora ya no es el de cuarenta años atrás. Una reacción valiente hubiese sido ya anunciar el cierre de las bases al uso conjunto y poner fin a la presencia de militares estadounidenses en territorio soberano español. Tajante, sin tapujos ni complejo alguno, aunque se tenga en contra al poder mediático de la derecha pero, a día de hoy, también hay unos medios favorables a esa salida que entonces no existían. Si se hace una convocatoria para ganarla este es un buen momento para implementar varias medidas que nos conducirían al control de la soberanía militar dejando, además, de comprar armas al eje EEUU- Israel y, en cualquier caso, apostando por la autonomía europea de verdad que no esté al servicio de los intereses de dicho eje. Autonomía europea que nos vendieron pero que no fue más que humo, una ficción para rendir vasallaje al emperador Trump y al sionismo israelí. Si el PSOE no sabe o no quiere leer los actuales signos de los tiempos, las señales que la sociedad y los acontecimientos están marcando en una dirección opuesta a la actual, estará perdiendo la oportunidad de reparar la traición de hace 40 años y de protagonizar un cambio de rumbo en la política de defensa y cooperación internacional que se base en la diplomacia. Pero, también, debiera ir liquidando sus siglas ya que no representa los intereses de obreros o de clase y, por tanto, no es socialista, y de seguir siendo sumiso al imperio tampoco la E de español. Todo es cuestión de coherencia más que de oportunismo y cada cual elige el camino que quiere tomar.



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