RECUPERAR LA CALLE (2)
- Antonio
- 7 may
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Cuando la gente salió a la calle, después de la estafa piramidal bancaria, coreando lemas tan sarcásticos y diría que poéticos como “no hay pan para tanto chorizo” y otras de calado antibipartidista, impugnatorio del régimen, como “PSOE-PP, la misma mierda es” o “lo llaman democracia y no lo es”, estaba expresando a todos los niveles el hartazgo de una sociedad dominada por las élites, manejada por poderosos hilos de estas cuyos tentáculos llegan a los rincones más insospechados de las estructuras de la sociedad. Ayuntamientos, Diputaciones, Autonomías, organismos autónomos de las distintas administraciones, empresas públicas, gobierno central y sus ministerios. Estábamos expresando que la voz de la calle, la voz del pueblo debe oírse dentro y fuera de las instituciones, y que la calle debíamos retomarla, recuperarla, ocupando las plazas como lugar de debate, como ágoras donde, por un momento, la gente se sintió protagonista de su propio destino y no un mero recurso humano, no un apéndice del sistema o un ente consumista de ideas ajenas. Aquel tsunami social generó una concatenación de circunstancias que posibilitaron que una brillante generación de gente joven intuyera el momento político y le diera forma, con una audacia nunca vista antes en la política española, a ese movimiento organizándolo políticamente. Y así fue cómo surgió Podemos que pilló con el paso cambiado a toda la izquierda clásica incrustada en el régimen del 78, institucionalizada, fruto de cuya fosilización nació ya que las principales caras visibles de ese movimiento -con fuertes vínculos con la UJCE, PCE e IU- planteaban una nueva forma de hacer política abierta a la ciudadanía que la entonces dirección federal de IU, dirigida por Cayo Lara, no supo o no quiso leer el momento político que se estaba viviendo de transformación. En su distancia de sabiduría quien sí lo vio fue Julio Anguita dando su apoyo explícito a un nuevo ente, a algo distinto, que impugnaba el discurso oficial y las formas de hacer política. Pero el sistema, a través de sus tentáculos de corrupción mediática, judicial, policial, fueron a por la organización emergente e impugnatoria del régimen y por sus dirigentes introduciendo, incluso, elementos de discordia dentro de las filas para dividir lo que unido a fallos propios fue menguando la fuerza acumulada. Todo ello sin olvidar que fue el actual Pedro Sánchez, junto con su equipo, quien prefería convocar una y otra vez elecciones -habiendo dado los números para no hacerlo- para debilitar a la amenaza justo en medio de la campaña de desprestigio que ya se puso en marcha sin que, en momento alguno, se haya podido encontrar un solo caso no ya de corrupción sino de irregularidad. A Pedro, el del manual de resistencia, le venía bien aquella campaña contra Podemos -que luego se extendió contra el independentismo catalán-, porque entendía que así iba a ser más fuerte, que recuperaría la posición hegemónica de antaño volviendo a las mayorías amplias o casi absolutas que tuvo el PSOE tiempos atrás. Pero se equivocó y fue tanta la envergadura del error que así fue como el fascismo rampante de Vox irrumpió en las instituciones dándosele la oportunidad que no había tenido hasta ahora. También surgió, previamente, un Ciudadanos -nacido de la élite económica catalana, en concreto de la banca- que jugaba a moderación, a bisagra del sistema, que igual por soberbia no quiso o no supo leer su momento, se españolizó con un discurso que firmaba la extrema derecha sin sonrojarse, que rechazaba formar gobierno con el PSOE a pesar de los tejos que la dirección del PSOE le tiraba a Ciudadanos. Y así estuvimos hasta que, por lo visto, Podemos quedó con 45 representantes en el Congreso y perdiendo por ese camino unos 24. Demasiado castigo por jugar bien un partido, se dice en el argot deportivo, cuando jugando mejor que el contrario encajas una dura derrota. Sí, porque hacer primarias y no tener ningún caso de corrupción habiendo gobernado en autonomías, ayuntamientos y estando en el gobierno central -después que Pedro Sánchez se tomara valeriana para poder dormir por las noches- es haber jugado bien pero sin resultado, quizá por errores estratégicos y tácticos propios sumados a las traiciones internas además del mal arbitraje que permitía que el contrario jugara con uno o dos jugadores más, que es lo que vino sucediendo cuando una parte de la judicatura se dedicó, entonces, a hacer política sin presentarse a las elecciones. Y el tiempo ya está dando la razón pero el daño ya no se repara. Y ahora es donde viene la reflexión de un ciudadano de a pie, que vivió el 15M impulsando un trabajo de ética política y ciudadana, un marco de debate para poner coto a las corruptelas, a la falta de ética política en las instituciones valiéndose de ellas para beneficio propio como ha venido haciendo el PP y ahora, también, su bulldog Vox. Un trabajo de impugnación del comportamiento de nuestros representantes, de los que “no nos representan” aunque les votemos o, al menos, de una gran parte de esa élite política. Un código de ética política que, ciertamente, ponía patas arriba el entramado de prebendas, las puertas giratorias, que proponía la ilegalización de partidos declarados corruptos (ya ves, el PP estaría hoy fuera de juego), la inhabilitación por años de personajes públicos condenados por corrupción, la imposibilidad de acceder a consejos de administración después de ocupar cargo público al menos no antes de 8 años etc. También trabajábamos bajo techo, no solamente en las plazas donde era muy difícil mantener la concentración y escribir. Cada cual aportaba donde podía, abría el debate, proponía, actuaba, sobre todo cuando se viene de una tradición de activismo social a varios niveles. Esa conjunción de esfuerzos, de aire oxigenado, de nuevas ideas con ideas ya anticipadas años atrás pero no canalizadas, fue lo que dio al tsunami 15M la identidad que tuvo. Pero el sistema es un agujero negro que fagocita, que absorbe las energías circundantes para atraparlas, engullirlas y hacerlas desaparecer, por las buenas o por las malas, bajo prebendas o coacciones, amenazas, violencia. Y así, bajo este último parámetro, es como nos encontramos ahora con una extrema derecha envalentonada, que se siente impune amparada por unas estructuras del Estado que les protege. Algo que, a todas luces, resulta llamativo y, por demás, ilógico cuando está gobernando algo que se dice “progresista”. Es ilógico, irracional, que la extrema derecha se permita amenazar, insultar, acosar, coaccionar, utilizando diversos resortes y a varios niveles, desde la tribuna del Congreso a cualquier asiento de edil municipal, desde una empresa de escuadristas de desocupación hasta escuadristas de desinformación, agitadores con micrófono y credenciales de prensa (hay que joderse), que llevan el conflicto y la provocación hasta la puerta de tu misma casa, especialmente si son personas de izquierda (faltaría más), incómodas con sus posiciones, vulnerables, o mujeres siempre en el punto de mira del fascismo. Con esta guisa estructural de matones con micro, con actividades “profesionales”, con placa (sí, has leído bien), con el cargo de diputado o senador, de parlamentario autonómico, es con la que vamos desayunando cotidianamente. Matones amparados por la misma Policía, algo normal considerando la tipología ideológica de sus sindicatos, que está bajo el mando de un ministro en un gobierno “progresista”. Si me pinchan no sangro. Se suele decir que de aquellos polvos estos lodos, y no falta razón sobre todo si analizamos los momentos históricos con detenimiento. Aquel movimiento social amplio me recuerda a los de la mar cuando sube y baja, al elástico cuando se tensa y luego se encoge una vez lo sueltas. Cuando dejas las conquistas en manos de quienes no participaron de las mismas entregas tu capital social, político, cívico, a tu propio verdugo. El PSOE no participó, ciertamente, de ese momento histórico puesto que gobernaba con Zapatero al frente (el mejor ex presidente, y ya) y fue quien firmó junto con el PP la modificación constitucional para que la banca no dejara de cobrar, aunque la banca se llevó del rescate luego casi 80 mil millones de euros y no ha devuelto apenas nada. El 15M sorprendió al PSOE, sí y lo que ocurre después (gana el PP las elecciones con mayoría absoluta) sorprendió a mucha gente, incluida yo aunque conociendo la gratitud de este pueblo pues tampoco mucho. Lo que ha ocurrido después es para que los libros de historia puedan contarlo con veracidad pero eso no va a ocurrir, ciertamente, mientras se sigan manteniendo los actuales pilares de un régimen podrido hasta la médula, inerte ante el dolor ajeno que provocan situaciones como las de la vivienda que ya es un lujo, inaccesible, un bien exclusivo de mercado. Un sistema, con un gobierno “progresista” a la cabeza, que no es cuestionado más que por una minoría parlamentaria que no refleja, además, la realidad subyacente de la dimensión de lo que está ocurriendo. O sea, la democracia liberal o “democracia” dopada es una auténtica estafa a la ciudadanía puesto que quienes, en su mayoría, dicen representar la voluntad popular en realidad debieran decir claramente que representan sus propios intereses y los de las élites. Con jueces haciendo de políticos, con políticos de matones al uso, con matones haciendo de periodistas, con periodistas jugando a ser jueces, políticos y lo que tercie, con una monarquía que se lleva la pasta en crudo sin dar un palo al agua, sin que nadie los elija, con empresas corruptoras de las que no se habla en los casos de corrupción, con golpistas de otros países hablando en nuestro territorio de dictadura (Little Caracas en Madrid), con gobiernos extranjeros terroristas como el de Israel secuestrando a ciudadanos solidarios nuestros en aguas internacionales etc.. etc., no me dirán que no hay elementos suficientes para recuperar la calle y no dejarla más, no abandonarla. Hay suficientes motivos para impugnar el sistema de abajo arriba y de arriba abajo, suficientes motivos para liquidar el momento histórico en el que nos encontramos acometiendo un proceso constituyente, donde podamos poner patas arriba a todas las estructuras del actual Estado y mandarlas de paseo, o al vertedero. Eso solamente se puede hacer desde un proceso revolucionario organizado para lo cual, por otra parte, habría que prescindir de la socialdemocracia porque está visto que es un freno, un tapón para la emancipación de la clase obrera. Prescindir de ella, de sus representantes, como aliada natural porque no lo es ya que quiere mantener a los ricos sin tocar la riqueza, quiere mantener a los rentistas sin tocar sus propiedades, quiere mantener la monarquía (en el caso español, vamos...) como garante de la democracia. Un oxímoron de toda la vida. La historia más reciente nos ha demostrado de forma fehaciente el papel de los partidos socialdemócratas y eso ya es tener una base para saber a quiénes no le puedes confiar la garantía de progreso real. Debemos cambiar las reglas del juego, dentro o fuera del tablero, porque puede que a lo mejor haya que dejar de presentarse a unas elecciones y llamar a boicotearlas y que el voto mayoritario fuera blanco como en “Ensayo sobre la lucidez” de José Saramago donde el 83% vota en blanco para abrir un proceso constituyente donde sea el pueblo, la calle, la que tenga la primera y la última palabra en su propio proceso de emancipación respecto a los poderes reales y sobre los que hay que actuar de forma radical, o sea yendo a la raíz porque el sistema necesita al pobre para alimentar al rico.
(Continuará)



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