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FALSAS BANDERAS

  • Antonio
  • 16 mar
  • 6 Min. de lectura

Las operaciones de bandera falsa, ya conocidas desde la antigüedad, son acciones que, por lo general, se han venido llevando a cabo en una agresión militar de forma encubierta utilizando una máxima de El Arte de la Guerra (Sun Tzu) que dice que el Tao de la guerra es el tao del engaño pero, obviamente, todo esto tiene sus matices ya que no es lo mismo entablar una batalla siguiendo unos códigos de conducta determinados y pactados donde, precisamente, entraba en ese código la falsa bandera y otra cuestión, bien diferente, es llevar a cabo acciones fuera de lo que conocemos como derecho internacional que, por otra parte, se está dilapidando con los EEUU es Israel al frente para generar caos, terror, implicación de terceros ajenos a la contienda para extenderla. Y me explico. En la actual agresión contra Irán por parte de los dos estados terroristas mencionados ya se están detectando casos de operaciones de bandera falsa para culpabilizar bien a Irán o bien a países vecinos, aliados hasta ahora de EEUU, de forma que éstos se vean implicados en el escenario bélico que les arrastre a prestar ayuda de una forma u otra. Se genera desinformación desde la propia acción que lleva a la confusión, a una falsa acusación y, a partir de aquí, una intervención que se justifica por un agresor que no lo fue. Esto, a día de hoy, contraviene las reglas del derecho internacional que, insisto, ya queda poco para que termine de desaparecer con dos psicópatas asesinos al frente de sus respectivos gobiernos. La elegancia del samurai ya no existe con el código Bushido porque retornamos a la barbarie de la agresión sin más para obtener un beneficio directo de la parte agredida pero este artículo no va de geopolítica al uso sino de una reflexión sobre cómo se arrogan determinadas organizaciones y, con ellas, sus dirigentes al frente de méritos que no les corresponde hurtando la verdad pero, aún más, esto va contra los medios de desinformación que proliferan bajo un falso paraguas de libertad de expresión para dilapidar la honorabilidad, imagen, reputación de una organización o persona a sabiendas que la información vertida es falsa (bulo) y siendo burda va con ella. Esto es lo que viene aconteciendo desde hace un tiempo acá en el que se utiliza la falsedad como verdad con apariencia, además, de legalidad y protección vía económica a través de la publicidad institucional. Y así es como el PP-VOX allá donde gobiernan inflan las cuentas de pseudomedios, del periodismo canalla y basura, para que continúen su labor como parte de una estrategia de desgaste contra el oponente político o social. Esta sociedad que hemos generado, ya en decadencia total, se ha convertido en una selva inhóspita donde cualquiera puede ser cazado ya sea para ser expuesto en un circo, ya sea para su venta, porque todo es mercancía y el objetivo del mercantilismo es generar ganancia aunque sea a costa del odio, la mentira, la violencia ya sea verbal, gráfica o física. No importa el tipo de violencia, o sea no importa el medio si el fin es la destrucción del contrario. De esa forma se comenzó la cacería política contra la organización Podemos y el movimiento independentista catalán, a través del uso de las cloacas del Estado donde se apoyan en tres patas esenciales: policial, judicial y mediática. La falsa bandera fue atribuir hechos presuntamente delictivos con pruebas falsas, burdas, para torcer la credibilidad de las afectadas ante el electorado o la opinión pública de forma que sus expectativas se vieran cercenadas de raíz. Esa falsa bandera, utilizada en España por el Estado profundo, la cloaca, no hubiera tenido éxito sin el concurso de gente que a sí misma dice ser periodista, sin el concurso de los medios desde sus respectivas direcciones donde en lugar de salir a desacreditar hubiesen ejercido el periodismo serio buscando la verdad y publicándola. Esto ha pasado recientemente con el anterior Fiscal General del Estado y está pasando con la esposa del Presidente del Gobierno. Y aquí voy a frenar porque parte de la responsabilidad de lo que ha pasado y sigue pasando la tiene quien dirige un gobierno con capacidad para publicar en el BOE aquello que pueda poner freno al desenfreno de la gentuza desalmada alimentada con prebendas de dinero pública proveniente de las instituciones gobernadas por la derecha-extrema derecha. Al Presidente habría que recordarle, ciertamente, que cuando las operaciones de falsa bandera fueron contra otra gente él y su organización, y parte del gobierno miraba para otro lado entendiendo que no le llegaría el momento que la víctima fuera él y su entorno más cercano, tanto político como personal. Cuando no se corta la cizaña ésta se come al trigo. Al final el tacticismo del Presidente y su partido hizo que el siguiente gobierno -el actual- sea más débil porque confundió trigo con cizaña y quiso arrancar el trigo. Toda una torpeza estratégica que ahora estará lamentando con su círculo más íntimo y confidencial, recordando quizá al poema de Martin Niemöler cuyo final expresa cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar. Tanto volviste la espalda a la realidad que, finalmente, esa realidad te comió. A día de hoy todavía hay jueces que no hacen justicia sino política con toga sin presentarse a las elecciones, cuyas decisiones judiciales influyen ciertamente en la opinión pública ya que se encargan de amplicarlas los medios afines. El por qué de no haber cortado la posibilidad que una operación de falsa bandera se pueda volver a repetir es cuestión de cobardía además de una torpeza descomunal cuando pactas con tu agresor (PP) el Poder Judicial en lugar de abrirlo a una nueva realidad de pluralismo político. Las consecuencias se están viendo. Pero la idea de este artículo no es quedarme aquí siquiera, es para denunciar que la falsa bandera se ha instalado o institucionalizado en la vida de la sociedad -pongamos la española en particular, por centrarnos- cuando admitimos e interiorizamos que las opciones fascistas y neonazis son legítimas y que, por tanto, pueden registrarse legalmente sin más y poder, de esta forma, presentarse a una elecciones aunque sean los instigadores de acoso a periodistas, políticas, la mayoría de ellas mujeres y de izquierda, incluidas las agresiones físicas. O sea es tal la situación que asumimos como opciones democráticas a quienes, en absoluto, lo fueron ni lo son por mucho que lo diga un papel. O sea una organización que enaltece a la dictadura franquista, a Hitler, o a cualquier otro genocida, tiene la misma cobertura legal que quienes defienden los derechos humanos. La equidistancia institucional no tiene límites en su estupidez y, desde aquí, se pone al mismo nivel al racista y al antirracista. Esto solo pasa en una democracia putrefacta, decadente, cargada de la más absoluta ignorancia, en una democracia capitalista donde se aplaude al perro guardián fascista y se criminaliza a los movimientos sociales justo utilizando, además, operaciones encubiertas infiltrando policías en los mismos los cuales han llegado a utilizar, además, el sexo como herramienta emocional de control para más información, para estar más cerca y adentrarse en dichos movimientos. Movimientos sociales sí, lo de empresas corruptas y organizaciones fascistas eso ya tal para otro momento. Estas operaciones de infiltración no se hacen por una cuestión de seguridad nacional sino para ejercer un control porque, parece ser, que a mi izquierda no puede haber nada combativo sino más bien sumisión. Cuando la esencia de la falsa bandera se instala en la sociedad, la misma se extiende de forma multinivel y casi siempre escorada hacia el lado izquierdo para debilitarlo y aparecer yo como la única opción real. O yo o el caos. Una vez más, falsa bandera utilizada por quienes vinieron utilizando las instituciones como su cortijo en un pacto a dos con apoyo de los satélites. Hacerte pasar por ser de izquierda sin serlo, sin desplegar una política real que elimine la especulación tanto inmobiliaria como alimentaria o energética, sin recuperar el robo que supuso el rescate a la banca que aún debe sobre unos 70 mil millones de €, sin cuestionar la permanencia en la OTAN, sin dejar de comprar armas a países genocidas como EEUU e Israel pero gritando ¡no a la guerra!, apropiándote de un lema cuyas implicaciones son aún más profundas sin cortar promover la paz activa, entonces se entiende que vivimos bajo continuas operaciones de bandera falsa. En definitiva tan falsa bandera es decir que eres antisistema siendo de extrema derecha como que eres de izquierda y aplicar políticas de derecha.

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