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LA HISTORIA SE ESCRIBE CON V DE VALIENTE

Antonio
hace 2 días
7 min de lectura


Los logros, grandes o pequeños, a lo largo de los procesos históricos se han conseguido con valentía, o lo que es igual con audacia. Podría extenderme en nombres históricamente significativos, bien por su impulso imperialista o de conquista o, también, por sus avances científicos por ejemplo. Pero como el informe PISA dice que cada vez leemos menos y entendemos peor, me ahorro las molestias de hacer un recorrido historiográfico y vamos al centro de este artículo para el que sí que voy a tener que referirme a cuestiones bastante cercanas en el tiempo, cotidianas por demás. Por mucho que se empeñen las Ayuso, Almeidas, Abascales de turno de querer pasar a la historia como paradigmas dignos de tener en cuenta de libros de textos, gracias a sus actitudes megalomaníacas y/o ególatras, su aportación de gente miserable, intelectualmente justas de coeficiente para aprobar un examen siquiera de la historia de sus pueblos, no va a ser precisamente elevada a los altares del conocimiento sino a los de la pusilanimidad, a la más abyecta cobardía porque necesitan de la protección especial de policías perros, de jueces de dudosa competencia ética pero de clara tendencia ideológica fascistizada. Esta gentuza que ostenta impunidad, aprovechándose de un asqueroso Estado liberal que no funciona pero que cuenta con el apoyo de votos de gente a las que no les llega el sueldo. Y esto es para mear y no echar gota. Este sistema está montado, desde arriba, para que los de abajo no miren más que hacia su lado y culpar de sus males a esa gente que, además, viene de afuera. Migrantes que les llamamos, que si son gente con pasta entonces no son invasores... Este sistema está montado para que ganen los de siempre, los oligarcas y sus lacayos (politicos del tres al cuarto) recogiendo las migajas del reconocimiento. Pero cuando la gente se levanta, se organiza, recupera el aliento colectivo de lucha y resistencia, entonces se esconden como conejos en plena cacería. Se repliegan y ponen a funcionar a su ecosistema mediático untado con pasta pública para denigrar cualquier movimiento popular. Pero en las posiciones conservadoras fascistizadas, como las que estamos experimentando, digamos que es normal que pongan a funcionar toda la maquinaria a su disposición, que no es poca por cierto. El problema es que los movimientos populares aún no se han empapado de la estrategia contenida en El arte de la guerra de Sun Tzu para saber que una batalla se emprende cuando vas a ganarla. Por tanto, si al movimiento lo dotas de dirección para articular el pensamiento y las acciones colectivas, ahí es donde realmente temen que la masa deja de ser un elemento informe y voluble para convertirse en un enemigo a batir, a cualquier precio y por cualquier medio. Esto ya lo hemos vivido recientemente en este país con la persecución a oponentes políticos por parte del Estado profundo, de las cloacas en manos de la derecha más reaccionaria, en el que han colaborado policías, jueces, medios de comunicación y demás canalla por supuesto, también, con el silencio cómplice de gente a la que se le supone que su ética debiera haber sido otra cosa. Los cómplices -por acción u omisión- en una situación de cacería política para alterar un proceso democrático, tampoco suben a los altares de la ética democrática, ni escriben la historia con la V de valiente. Son pusilánimes que buscan rentabilidad de una determinada situación, si quienes los perseguidos son potenciales amenazas para sus intereses políticos. Las hemerotecas, videotecas y audiotecas, están ahí para comprobar cómo lo que expongo es cierto, tratándose manifiestamente de la irrupción de Podemos y del procés de Catalunya, como las víctimas directas de la persecución orquestada desde Moncloa y Génova 13 (pagada con dinero negro), con la complicidad del PSOE, en concreto del mismo Pedro Sánchez al que le costaba dormir tranquilo si Pablo Iglesias se sentaba en el Consejo de Ministros, haciéndose eco de la famosa e inexistente financiación ilegal de Podemos, como se ha demostrado después. Claro, es que se suele decir que cree el ladrón que todos son iguales a su condición, y la trayectoria del bipartidismo es la de la corrupción sistémica. Cuando el movimiento 15-M impugna el sistema, eso fue lo que pasó, ni más ni menos. Una operación para derribar a la gente que se atrevió disputar el poder a los de siempre, que pateó el tablero y señaló a los culpables pero, igualmente, con propuestas que, sin ser revolucionarias, ponían en jaque hasta el mismísimo discurso social liberal de una oposición mayoritaria (PSOE) que se jugaba su razón de existir. Quince años después, esa falta de valentía se ha instalado en el nuevo gobierno de coalición, integrado por el PSOE y por el engendro llamado Sumar que no fue otra cosa que la culminación de la operación derribo de Podemos para ocupar su espacio (comenzó una operación trasvase) pero con tan poco ruido que el único que han hecho ha sido el de servir de muleta al socio mayoritario. Esta infamia puede que sí pase a la historia como una operación palaciega para que todo siguiera igual cambiándolo todo, pero escrita con la C de cobardía o la P de pusilanimidad, ya que cuando todo tu bagaje como gobierno son palabras y pocos hechos has logrado que la derecha más reaccionaria crezca y se instale sembrando el odio. Luego vendrá el cuento de el lobo... Enterrar el movimiento 15-M fue una argucia propia de la fontanería de Moncloa y no sé de qué otros cerebros dentro del PSOE, porque vistos los hechos con sus dos ex secretarios de organización no sé si tuvieron tiempo para el tema. Y digo esto porque no olvidemos que nació ese movimiento con el gobierno en fase final de Zapatero, con lo que -supuestamente- el círculo se cerraría con otro gobierno donde el PSOE, desde 2023, ha sido quien ha marcado el paso sin que nadie rechiste lo más mínimo, por aquello del ruido...Ahora, bien, debemos tener memoria de cómo se resolvió en votos el asunto porque el PP sacó mayoría absoluta, y yo no salía de mi asombro. Estamos en una nueva fase histórica en la que desde hace mucho tiempo aquí casi todo el mundo demoscópico y tertuliano da por sentado que se avecinaría un gobierno PP-VOX, con lo que eso significaría y visto lo que hacen y no en las CCAA donde gobiernan, pero hay algo con lo que, al parecer, no se suele contar. De un gobierno de titulares rimbombantes, de traición al Sáhara, de vasallaje ante EEUU, Israel y Marruecos, de reprimir y penalizar las protestas antifascistas pero con total permisividad con quienes deberían estar proscritos como los neonazis, de haber entregado el control del CGPJ a la derecha aunque ahora Bolaños se queje, y las situaciones de lawfare les esté tocando al PSOE, de un desastre total en materia de vivienda entregándose sin reservas a los rentistas, de un rearme sin precedentes bajo una falsa premisa de amenaza rusa cuando la verdadera amenaza es EEUU bajo el mando de Trump, yo no espero que escriba páginas brillantes en la historia con la V de valiente. Y ese algo con el que no se suele contar, no sé si por ignorancia o por altanería, es nuevamente el movimiento popular. Tras el infame desahucio de la señora Mari Carmen, cuya dignidad sobrepasa a la de cualquier miembro de este gobierno, con unos policías perros golpeando a gente pacífica en actitud más que fascista, ha comenzado una acampada en Sol ¡nuevamente!, y espero que por mucho tiempo. Pero ese movimiento, catalizado ahora por el Sindicato de Inquilinas de Madrid, debe tener muchos más protagonistas y que, curiosamente, son bastante gente empleada pública o dependiente de fondos públicos: docentes en todos los niveles, personal sanitario, bomberos forestales, educadoras infantiles, ayuda a domicilio, camareras de piso o kellys etc. En cada ciudad o comunidad autónoma tienen que comenzar, nuevamente, las asambleas abiertas, las acampadas, las manifestaciones, hasta que erradiquemos el fascismo de PP-VOX y la pusilanimidad de este gobierno supuestamente progresista que ha puesto a la ciudadanía a los pies de los caballos con su inacción o su acción errática en cuestiones profundamente sociales, rechazando propuestas que Mamdani lleva a cabo en Nueva York, corazón del mundo financiero global. Pero Pedro Sánchez es más de fotos, buenas palabras y titulares, y luego presumir que España va como un cohete. España, no. Como un cohete van los de arriba, los de la macroeconomía. O sea, las eléctricas, petroleras, gasísticas, fondos buitres, banca, cadenas de distribución... En definitiva, como un cohete va la especulación y no la economía real, porque si una familia de 4 ingresa 2800 euros y no les llega, ya me dirán qué carajo va como un cohete. Engañar menos estaría mejor, porque no somos imbéciles. Y en este maremagnum de circunstancias habría que estudiar, muy particularmente, cómo con un gobierno progresista ha crecido exponencialmente la extrema derecha en los cuerpos y fuerzas de seguridad, las empresas de desokupación dirigidas por neonazis o filonazis maquillados y embutidos en clembuterol, los medios de desinformación apoyados económicamente por el PP, la normalización del odio racista y xenófobo con agresiones físicas etc., etc. Recordar que el Ministerio del Interior lo dirige un tal (juez) llamado Marlaska, ex vocal del CGPJ a propuesta del PP en su momento, o que se podría haber legislado sobre medios de comunicación y demás. Ciertamente este gobierno no pasará, precisamente, a los anales de la historia por ser valiente, pero siempre nos quedará la oportunidad de escuchar aquello ¡votadme a mí, el voto útil!, por que si no llegará el lobo de la extrema derecha. Solo hay un camino para superar esta fase histórica, y es adelantar por la izquierda a quien circula lentamente y por el carril del centro, obstaculizando un tráfico fluido y conforme a la velocidad exigible. Si no puedes hacerlo, apártate y no sirvas de guía de caravana que terminará despeñando al resto que viene detrás. La gente, en su movimiento, tiene que construir una realidad que trascienda, incluso, lo ya conocido y, de verdad, que esta vez ya no caben más Errejones ni Carmenas, ni vetos, ni concentraciones fascistas en la puerta de la casa de ministros con la complicidad de un ministro que se sienta contigo en la misma mesa. Hay que aprender del pasado para construir el futuro sin olvidar que donde estamos es porque lo hemos permitido. De esto hay que aprender a no transigir más que lo necesario sin que, además, eso suponga una carga añadida a los de abajo. Hay esperanza y a eso le teme el poder

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