top of page

LIQUIDAR AL REGIMEN DEL 78

  • Antonio
  • 1 jun
  • 14 min de lectura



Hace 15 años cristalizó un movimiento popular, no exento de contradicciones, que conocemos como 15M y que hizo saltar las costuras de lo que conocemos como régimen del 78 atado por un pacto conocido como transición democrática y descansando en ciertos consensos que, a día de hoy, algunos jóvenes de entonces como yo desconocemos y nos resistimos a aquella estafa por la que las instituciones franquistas se disfrazaron de democráticas, por la que personajes del franquismo se acostaron siendo fascistas y se levantaron con el traje de demócratas. El régimen del 78 es ese edificio sobre el que levantas encima de un estercolero, con lo que te puedes imaginar el olor que despide por mucha fragancia que le pongas. Un régimen sostenido y proclamado a los cuatro vientos por las oligarquías económicas y financieras -viejas y nuevas-, por la gente que no se presenta a las elecciones pero manda mucho porque se compran políticos y partidos enteros, por los poderes del Estado reconvertidos como el judicial, por ejemplo, o los aparatos policiales, por el poder mediático etc. Pero el régimen tiene sus luchas internas, las que enfrentan a los partidos alfa PP-PSOE con aliados a conveniencia y con influencia como el caso de la extrema derecha de Vox y satélites y la aplicación de la geometría variable de PSOE ya que no tenía empacho alguno en querer pactar antes con una formación (en extinción) como Ciudadanos, que no se sabía qué perfil ideológico tenía dentro de la derecha, antes que con una nueva y pujante izquierda surgida en torno a PODEMOS. Pero, he aquí la cuestión, cuando las costuras de un sistema de castas, de privilegios anclados desde antiguo, y hay quienes mantienen la audacia de confrontar a las castas dominantes entonces surge la reacción del Estado profundo, de lo que conocemos como cloacas, para perseguir a la disidencia uniéndose a la fiesta de la decapitación, por omisión, el partido alfa autodenominado progresista (PSOE) a quien le venía de maravilla que a su izquierda no existiese una organización fuerte. Las cloacas se pusieron a trabajar contra Podemos y el movimiento independentista catalán (con derecha e izquierda en el mismo) hasta reventarlo. Tanto es así que, errores propios al margen, dentro de Podemos surgieron los judas que vendieron sus ideales iniciales por proyectos propios, y hay quienes estaban, de forma latente, larvada, al acecho para asestar el golpe final como, efectivamente, nos demuestra el paso del tiempo con Yolanda Díaz y su engendro Sumar, culminando una operación de liquidación por cierre del espacio Unidas Podemos, sustentado en la fuerza inicial de Podemos, para abrir otro más a la medida del propio PSOE quien, por activa o por pasiva, habría participado en la configuración del engendro para enajenar el trabajo político realizado con Podemos dentro del gobierno, para apropiárselo o, en su defecto, tirar abajo aspectos de leyes como la conocemos como sí solo es sí porque al Presidente le daban el coñazo sus amigos de más de cincuenta con la matraca de un feminismo que ha llegado lejos, con la ley trans imponiéndose la corriente tránsfoba del PSOE encabezada por el carcamal de Carmen Calvo, las feministas de salón del régimen. Por tanto hay una fuerza emergente, insultante en sus planteamientos contra el sistema que hace temblar a la oligarquía y los intereses que representan, que es sacudida hasta quedar en la irrelevancia cuando, definitivamente, en la operación engendro de Sumar se les ningunea la fuerza obtenida hasta el 23 de julio de 2023, se veta la presencia de gente con proyección política con nombres y apellidos, sin cortarse un pelo. Sumar comenzó dividiendo y terminó restando hasta la propia autoliquidación casi, convirtiéndose -por tanto- este engendro en un aliado imprevisto del régimen. O sea en el sastre al que le llevas el traje para que te lo recomponga y le ajuste las costuras. Eso ha sido Sumar, a día de hoy, con la inestimable ayuda -claro está- aunque algo invisible del PSOE, cuya forma de actuar ya la conocemos desde los tiempos del PCE y luego, particularmente, de IU con Julio Anguita como coordinador general con aquel otro engendro denominado Nueva Izquierda. El PSOE se alimentó históricamente de los topos dentro de las organizaciones a su izquierda, y así iba ensanchando sus cuadros y bases. Hasta aquí creo que la radiografía casi que nos desvela una patología importante, quizá la de la traición a tu gente, a tus postulados iniciales, quizá a la esperanza de la gente. Una de las peores patologías en política es la traición, pero para traicionar necesitas -en más de una ocasión- de colaboración externa que puede provenir, asimismo, de los errores propios de quienes se resisten a la traición. Y me explico. De Podemos surgen grupos que se desgajan de la matriz como, por ejemplo, Errejón y su Más País-Más Madrid (operación orquestada a espaldas de una dirección que le había otorgado la confianza para encabezar las autonómicas), la ruptura de una parte importante de Anticapitalistas con Teresa Rodríguez a la cabeza para enarbolar un proyecto autónomo, soberanista (Adelante Andalucía hoy), Alberto Rodríguez y su otro proyecto soberanista llamado Proyecto Drago en medio de aquel disparate jurídico de dejarlo fuera del escaño por una cuestión dirigida por el infame miembro del TS Manuel Marchena y la inestimable colaboración de la Presidenta del Congreso, Meritxel Batet o lo que es igual del PSOE. Ese escaño Podemos se negó a cubrirlo. El resultado, en cuestión aritmética, de todo el proceso desde las cloacas del Estado (policía, judicatura, poder mediático...) hasta la configuración del engendro Sumar, es ciertamente desolador con una pérdida galopante de presencia institucional en parlamentos autonómicos, en ayuntamientos debido a la disolución de las candidaturas municipalistas, al arrinconamiento en el Congreso con cinco representantes que tras la humillación sufrida, de forma constante, por el engendro Sumar pasan al grupo Mixto quedando, poco tiempo después, en cuatro por la dimisión de Lilith Verstrynge de sus cargos orgánicos e institucionales también, al parecer, por cuestiones internas. Casi hunden al titanic de la política de los últimos años pero, la verdad, es que no pudieron y así es como en las elecciones europeas de 2024 Podemos se presenta con voz propia y obtiene dos escaños quedándose a 200 mil votos del tercer escaño que justo lo consigue Sumar por esa diferencia que le sacó. Podemos obtiene un resultado de 570 mil votos, una cifra nada desdeñable para venir de una continua crisis tanto interna como externa de persecuciones judiciales. En esta radiografía, obviamente, hay un elemento que no debo dejar de lado ya que lo que fue Podemos a lo que hoy, en términos aritméticos, representa hay un abismo pero, a la par, entiendo que una ventana de oportunidad para saber aplicar con sabiduría las reflexiones que haya podido hacer la dirigencia con autocrítica que lleve a los propios cambios más que a la victimización, porque la tendencia a quedarnos enganchados en el problema es consustancial al ser humano y de ahí es donde surgen las situaciones embarradas, los colapsos, los bloqueos. Podemos reclama, con justicia, su papel protagonista en la política de los últimos 15 años, y nadie se lo debe negar ni mucho menos, pero estamos en una etapa de total reconfiguración de los flujos políticos con una carencia ideológica importante en el espacio de la izquierda que es ahí donde Podemos debe mantenerse con la suficiente lucidez, porque es en el faro ideológico de donde surgen propuestas nítidas, certeras, y coherentes. Y es aquí donde creo que debo pararme, en la coherencia de lo que realmente se es y se pretende hacer conforme a lo que se es, más allá de los tacticismos que casi siempre suelen empañarla. Yo me llevo haciendo preguntas hace un tiempo sobre la superación de las incoherencias en lugar de cabalgar con ellas dentro del régimen, de cómo podemos llegar a la antítesis primera, a partir de la tesis de poner fin al régimen del 78, para que surja lo nuevo. Lo que sí tengo claro es que tendrá que ser el impulso movilizador de la sociedad, en bloque, quien determine el proceso de transformación de forma autónoma, de emancipación de clase frente a los poderes ya señalados. Pero ese impulso tendrá que cohesionarse con perspectiva de clase, organizadamente, a través de la organización del movimiento que supere el interés particular y se someta al interés común. Para ello no solamente se suman voluntades individuales sino, muy importante, colectivas a través de las organizaciones canalizadoras de las protestas sociales que, cual arroyos, llenan el caudal de ríos y estos van al mar. Pero, en ocasiones, para que las cosas crezcan se necesita el sacrificio también personal de dar pasos hacia un lado, más por convicción de altura de miras que por pura pantalla de imagen personal. Dar un paso al lado significa que la renovación en las caras también debe producirse cuando se pilota una nueva etapa, por supuesto sin menoscabo de la valía de nadie que de el paso al lado (no desaparecer del todo, pero sí del papel protagonista). En esto Podemos, entiendo modestamente, debe ir estudiando esta renovación que debe ir graduándose pero sin olvidarla para no caer en la posición de élite dirigente. Es un aspecto importante en la coherencia de un proyecto. Ahora, bien, pero más allá de esto vamos a centrarnos en una etapa convulsa que estamos viviendo donde la salida que se está planteando a la crisis de régimen es desde las posiciones reaccionarias, con un tufo de golpe institucional (cloacas) que apesta pero, claro está, con esa inestimable colaboración por acción y omisión de los partidos alfa del régimen donde su frase favorita es y tú más. Y es aquí donde la izquierda que se define valiente, transformadora, tiene la oportunidad de pilotar con el faro ideológico, un proceso de ruptura con el régimen que lleve a un proceso constituyente que, a mi entender, debe suponer la reforma estructural del Estado de arriba hacia abajo y viceversa. Pero, nuevamente, surgen cuestiones, interrogantes, dada la fuerza que aparentemente se exhibe hacia afuera. Está claro, además, que Podemos no tendría capacidad -ni con su mejor momento- suficiente para que en solitario se pudiera llevar a cabo ese proceso. Bajo este parámetro del reconocimiento de las propias limitaciones es como nacen las alianzas que, en cualquier caso, deben ser leales a lo pactado. Pero las alianzas, además de lealtad a un proyecto o acuerdos, requiere de ciertas premisas previas de eliminación de egos, de tentativas de aparentar ser lo que no se es, de forzar situaciones para beneficio de una de las partes. Requiere de altura de miras por cada una de las partes que puedan componer un hipotetico frente amplio, algo poco común en estos tiempos. Mirar más allá del ombligo personal es una obligación moral de todas las partes implicadas en esa hipótesis pero, cuidado, que eso no quiere decir que haya imposiciones sobre las que transigir bajo el síndrome de la ruptura que, ciertamente, no es otra cosa que un chantaje emocional. Y esto cualquiera lo ve. Ahora, bien, también deben tener claro las organizaciones participantes (sean partidos o no) que si no se rompe con el régimen del 78 volveremos a tener, nuevamente, los mismos problemas nacidos de un Estado corrompido hasta la médula en cada uno de sus poderes e instituciones por lo que esto me lleva a la pregunta ¿se puede establecer una alianza con alguna organización que no se cuestione en firme la ruptura con el régimen con todo lo que ello implica? A mi entender no. Una organización, cualquiera que sea su naturaleza, si no está dispuesta a sumar para la ruptura está claro que no podría participar de ese frente amplio cuya naturaleza es totalmente rupturista y, obviamente, sería un estorbo en el camino. Sería como poner al zorro a cuidar gallinas. Y aquí viene, entonces, la cuestión que siempre subyace -creo que erróneamente como se plantea- de una unidad electoral. Esto se está demostrando que es más bien una farsa, una hipótesis de trabajo que no da resultados si, efectivamente, no trasciende a otros planos menos tacticistas o ni siquiera se plantea otra cuestión que sea el cortoplacismo de la inmediatez electoral como supervivencia política. Y hay un serio problema, entonces, porque a día de hoy tenemos una serie de organizaciones de izquierdas (o eso parece discursivamente) que más bien miran su propia supervivencia de siglas y, por tanto, un determinado estatus quo de representatividad que le asegure la misma, antes que ser capaces de renunciar -incluso- a la cuestión identitaria (valga esto para todas las organizaciones) de hacer prevalecer siglas más que proyecto, más que programa. La izquierda sociológica, representada en cada organización social sea de la naturaleza que sea, tiene ante sí una enorme encrucijada, un reto de gran calado histórico ya que la tarea -desde la posición como la veo- no es otra que la superación de un régimen nacido del vertedero del franquismo. Con esta cuestión previa que vengo planteando está casi claro quiénes se descartarían para formar parte de este proceso histórico en ese concepto sociológico llamado izquierda. En un proyecto de refundación del Estado y de ruptura con el régimen, el núcleo central estaría en la configuración de una alternativa republicana inclusiva con una parte de la derecha sociológica que sí se mostraría proclive a dicha alternativa, y que en el caso del Estado español podríamos considerar a PNV y JUNTS como opciones republicanas a la hora de esa refundación en el marco de un Estado plurinacional. Pero, ciertamente, también hay un serio problema y es que ambas han sido históricamente satélites del régimen, la periferia con la que la derecha españolista no ha tenido empacho en pactar ni tampoco los social-liberales del PSOE. Así, pues, en esta reconfiguración tenemos a dos partidos alfa del régimen y dos satélites que, igualmente, tampoco han tenido empacho en pactar con el centralismo y defensor de la monarquía. Patear el tablero haría posible que, desde la presión social, estas organizaciones tuviesen que pronunciarse abiertamente si romper o no con el régimen aun sabiendo que se embarcarían -al igual que los demás- en una aventura para la construcción de un nuevo Estado. Ahí podríamos verles las costuras a los nacionalismos periféricos representantes de los intereses de sus respectivas burguesías. Por eso el único discurso que vale para salir de la crisis agonizante de este podrido régimen es virar hacia posiciones radicales (que van a la raíz, no lo olvidemos) que insuflen otro aire a la política, que descarten -esas posiciones- cualquier parche que nos lleve a ir hacia atrás. Romper con este orden de cosas no es tarea fácil y la respuesta únicamente está en la calle. Es desde aquí como, a través de las movilizaciones sostenidas en el tiempo y masivas, podamos ir contra el Estado represor de las movilizaciones a través de sus brazos o tentáculos como los CCFFSE, la judicatura, el poder mediático, las oligarquías sociales y económicas, y las administraciones y entes político-administrativos como autonomías o ayuntamientos, entre otras cuestiones. Refundar el Estado no se puede hacer sosteniendo los mismos mimbres que lo sostienen porque se trata de ir de arriba hacia abajo y viceversa, con lo que desde la monarquía hacia el ente más minúsculo estaría todo bajo el signo de un proceso constituyente. Esto no va a depender de grandes organizaciones políticas sino de la gente de a pie que se queda sin techo, que no puede acceder a una vivienda, a una pensión digna porque la vida encarece más de lo que la economía personal, porque las autonomías torpedean las decisiones del Estado sin despeinarse como, por ejemplo, en materias de sanidad o educación. Esto no va a depender de los sindicatos lacayos del sistema que han renunciado a la lucha de clases, sino de la gente que supera las consignas oficiales de esos sindicatos y de los movimientos contestatarios como los de la vivienda. Tiene que haber organizaciones políticas que aglutinen, empujen, alienten, coordinen o sirvan de punto de encuentro pero ni mucho menos como destino final de ese movimiento que, por otro lado, ha de tener un componente ideológico fuerte. Y es aquí donde las organizaciones políticas de izquierda (fundamentalmente) deben proveer de ese pegamento ideológico que, en una primera fase, no es otra cosa que se traduciría en republicanismo y, cómo no, en antifascismo activo. Con parches, repito, no se frena a la extrema derecha. Hay que ir a la raíz, y a ese pegamento ideológico hay que canalizarlo, darle forma con medidas concretas. Por tanto hay que definir qué Estado se quiere, qué instituciones han de gobernar y cuáles han de desaparecer, qué medidas han de tomarse en primera instancia, y dentro de los cien primeros días del proceso constituyente, para anular cualquier proceso reaccionario. Y no puede temblarle el pulso a ese frente amplio en cerrar, incluso, la bolsa de valores y exprimir a la banca para que devuelva el pufo de más de 60 mil millones que se llevaron de las arcas públicas. No estoy delirando, hablo de socialismo nacido y curtido en las calles. Pero hay que dar pasos previos, indispensables, y esos puede que se hayan ido dando estos años, desde el 2011 con el 15M, pero insuficientes obviamente. Tanto que parecen diluidos o difuminados, pero quizá haya alguno que no se haya dado como cuestionar la legitimidad de una democracia corrupta hasta la médula que no representa los intereses generales de la ciudadanía y que, por tanto, contraviene incluso su propia herramienta jurídica que es la Constitución. Solamente tenemos que acudir a la lectura de cualquiera de los artículos como, por ejemplo, el 47 en referencia al derecho a la vivienda para saber que justo no se hace absolutamente nada para primar este derecho por encima de la especulación. Si uno a uno, cada artículo de la CE no es más que una pantomima, una puesta en escena para justificar un régimen nacido del estercolero franquista, hay que cuestionarse esa legitimidad ya que da la espalda a esa ciudadanía sobre la que reside la soberanía, por cierto vendida a intereses extranjeros. Legitimidad, incluso, que debe cuestionarse cuando el sistema electoral es asimétrico, no premia a cada representación política por igual ya que no hay paridad una persona-un voto, las circunscripciones electorales (provinciales en caso de generales y autonómicas) son una trampa ya que puede tener peso una provincia más pequeña que una grande. Todo, en esa estafa llamada Transición, se organizó como cláusula encubierta para impedir que una organización de izquierdas pudiese llegar, elecciones mediante, a alcanzar el gobierno y sus parcelas de poder. El sistema electoral, en definitiva, se estructuró para que hipotéticamente los comunistas no pudiesen llegar al gobierno. Se llama cláusula de exclusión histórica y que se aplicó férreamente en Italia contra el PCI. Así, pues, me pregunto ¿por qué seguimos jugando con las cartas marcadas por el régimen y no con una baraja igualitaria, sin trampa alguna? ¿realmente vamos a cambiar desde dentro algo? ¿qué ocurriría si todas las opciones políticas republicanas simplemente amagasen con no acudir a las elecciones alegando falta de legitimidad democrática en el sistema, como discurso rupturista del régimen, sustentadas en el apoyo social que les podrían brindar los movimientos sociales reivindicativos que, de forma conjunta, cuestionarían igualmente ese sistema llamando, por tanto, a la desobediencia civil en varios frentes, y que ese discurso fuese la fase pre constituyente? Cualquier movimiento que se esté haciendo o se haga, de cara a esas elecciones generales de 2027, debiera contemplar algunas de las cuestiones que planteo aquí, mirando más allá de ese horizonte pero no mucho más lejos porque la historia requiere, impele, interroga, demanda, hacer algo distinto para obtener resultados distintos. Por tanto, en última instancia sobran los motivos para no volver a gobernar con un PSOE enquistado en el régimen, salpicado de corrupción y discursos vacíos, de palabrería al estilo charlatán de feria. No se puede gobernar, o pretender hacerlo si es que te dejan margen, con quienes mantienen leyes promulgadas por la derecha sin despeinarse además, como la ley mordaza, con quienes practican un hipócrita no a la guerra pero incrementa exponencialmente el gasto en defensa, con quienes no quieren intervenir el mercado del alquiler dejando en la vulnerabilidad a miles de familias y a cientos de miles de personas con cada vez menos opciones de poder abonar un alquiler de vivienda y tener que compartir piso y todo lo que conlleva este exilio habitacional que sólo lo sabe quien lo vive. No se puede gobernar con quienes mantienen cloacas del Estado, quienes pactan con la derecha el gobierno de los jueces, con quienes ante problemas de envergadura miran hacia otro lado porque solo entiende de la política del parche. Si como primer paso, previo a la ruptura del régimen, hubiese que pactar con el PSOE no podría más que bajo condiciones que allanen el camino a esa ruptura: referéndum monarquía- república; referéndum salida OTAN; limpieza en ministerios de Estado como el de Interior; reforma del Poder Judicial; ley de medios donde puedan anularse licencias a quienes lanzan bulos como información, ya que contravienen el artículo 20 de la CE que está como derecho fundamental, la definitiva laicidad del Estado y un largo etcétera de situaciones, de líneas rojas, tantas que parezca un paso de peatones de varias avenidas. No se puede seguir manteniendo el régimen de la forma que se ha hecho hasta ahora como política de mal menor, porque al final alimentamos la miseria. Por tanto a ese frente amplio que pueda surgir, o que se esté larvando, hay que ponerle deberes urgentes e importantes. Y puede ser que ambos converjan porque tal como lo veo si el régimen no se rompe por la izquierda, contra la ofensiva reaccionaria, la salida puede ser autoritaria, de refuerzo del mismo pero volados todos los consensos de la Transición que tanto pregonan de un lado y del otro del río. Tendríamos, pues, un régimen igual o más corrupto, con la misma garantía monárquica, pero autoritario centralista. La calle tiene la palabra si, también, las organizaciones de izquierdas saben estar en ella sin perderle el pulso. Si a la hidra no se le cortan las cabezas seguirá expandiendo su veneno.

Comentarios


© 2025 Pensamiento Crítico | Blog de opiniones, análisis y emociones
 

Todos los textos son obra del autor de los mismos

AVISO LEGAL

Este blog no recopila datos personales de los visitantes. No existen formularios de contacto, suscripción ni mecanismos de recogida de información identificable. Si en el futuro se añaden funcionalidades que impliquen la recogida de datos, esta política será actualizada para reflejarlo. Última actualización 15 de marzo de 2026

​​

​​

bottom of page