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CUBA, UN SOPLO DE DIGNIDAD

  • Antonio
  • hace 2 minutos
  • 4 Min. de lectura

Lleva Cuba soportando 64 años un bloqueo criminal por parte de EEUU y sus satélites lamebotas proimperialistas. Son un símbolo de resistencia y de solidaridad internacional ya que allá donde hubo una emergencia sanitaria ahí estuvo la medicina cubana, una de las más eficaces del mundo. Donde hubo un proceso de emancipación popular, de descolonización, ahí estuvo el apoyo armado de combatientes cubanos porque el antiimperialismo es internacionalista o no es. El espíritu del Che impregnó décadas de lucha ya más fuera que dentro de Cuba, puesto que dentro estaban las figuras que representaban ese anhelo anticolonial, antiimperialista y, más tarde, anticapitalista con Fidel Castro Ruz a la cabeza. Ese espíritu motivó a varias generaciones, desde jóvenes a mayores, a lo largo de un proceso histórico que, repito, trascendía las fronteras de la isla para alcanzar a varios continentes. Europa, África, Asia, América, han sido testigos de movilizaciones, de luchas en favor de la libertad de los pueblos, de la capacidad de determinar su destino. Una lucha armada con conciencia de clase que, ciertamente, en algunos casos también llegó a prostituirse como, por ejemplo, en Angola porque no hay revolución sin contradicciones que superar, algo que ya Lenin lo tenía claro a principios del S XX. El movimiento de la generación del 68 se impregnó, quizá por la cercanía en el tiempo, de ese espíritu libertario de Ernesto Guevara porque sí que era libertario y no lo del sátrapa Milei. Desde Europa a EEUU la imagen icónica (libre de copyright) del Ché acompañaba en cada manifestación, concentración, asalto al poder, en las luchas callejeras donde soñar lo imposible era para convertirlo en posible. El primer “sí se puede” en la historia moderna alcanzó un punto álgido en la Francia de 1968, un mes de mayo, un movimiento sísmico emocional, intergeneracional que tuvo réplicas años más tarde, también en Europa, en Portugal y España donde las movilizaciones de estudiantes y obreros iban de la mano. Mientra el imperio se ha ido afanando en silenciar, aplastar la experiencia cubana con reiterados intentos de asesinato hacia Castro (ya lo consiguieron con Ernesto Guevara), con invasión fallida en Playa Girón (o Bahía de Cochinos), de guerra silenciosa atentando contra bienes y personas dentro de la isla, contra los medios de sustento como la agricultura, la solidaridad hacia Cuba iba creciendo como gratitud, igualmente antiimperialista, por la dignidad que aportaban como pueblo en décadas y nunca vista prácticamente en ningún otro país. Cuba ha recibido y recibe un castigo genocida imperialista por ser lo que representa, lo que daña y pone ante el espejo al enemigo, lo que hasta ahora no ha podido comprar. Un país que no ha sucumbido más que, quizá, a sus propios errores y contradicciones por no poder desarrollar su proyecto socialista, y aún así -con esas contradicciones- ha sabido interpelar al mundo qué haría cada cual en su lugar, ha dejado en ridículo a una buena parte de la progresía europea y ponerla ante el espejo cuando no ha sido capaz de emprender un camino autónomo del imperio y sí someterse a sus dictados. La figura del Ché la mercantilizó el sistema para hacer caja vendiendo camisetas, boinas o chapas, hasta que ha caído en desuso porque las nuevas generaciones ya no oyen hablar siquiera a sus mayores qué representaron Ernesto y Fidel y puede que lo que oigan sea para demonizarlos. Forma parte de la pérdida del relato cultural de la izquierda el que desde una parte de ésta también se haya posibilitado el silencio o el desconocimiento. Son figuras “pasadas de moda”. No, el Ché Guevara vive aún y su legado, junto con el de Fidel y tanta gente luchadora hombres como mujeres, se perpetúa, trasciende a la propia Cuba. Ese legado invisible, aunque no te hablen de Ernesto, está en los movimientos de solidaridad internacional que apoyan la emancipación de los pueblos, está en los movimientos antirracistas porque no hubo más gente negra luchando en el continente americano contra el imperio que en Cuba porque su mestizaje es universalista. En esos movimientos, también en EEUU de mano de los Black Panther, está el espíritu revolucionario del Ché Guevara, en las luchas estudiantiles y obreras con conciencia de clase y que no se dejan doblegar por los cantos de sirena del sistema. En los movimientos emergentes que, aún escaseando, hacen posible un mundo más humano, un mundo más justo, un mundo donde poder vivir con más igualdad. Decía Víctor Jara en una de sus canciones “si quiero tomar ron pero sin coca-cola, a Cuba a Cuba iré”, una Cuba libre sin la presencia de una empresa que en Colombia pagaba sicarios para asesinar a sindicalistas. Cuba quiso deja de ser el casino y el prostíbulo de EEUU, una extensión del estado de Florida, una sucursal de la mafia de Miami, una finca de las empresas extractivas yankis, para determinar su rumbo antiimperialista que, con posterioridad, quiso derivar en un proyecto socialista al que consideran un fracaso, pero qué cosas tiene la vida de preocuparse por un fracaso sin que haya podido alcanzar plenamente su realización. Por eso, por lo que representa de dignidad, de un viento fresco de solidaridad que recorre la memoria de generaciones, es imprescindible -hoy más que nunca- hacer valer aquel grito de Ernesto Guevara ¡Hasta la victoria siempre, patria o muerte!, para que Cuba siga siendo ese soplo de dignidad que la sociedad necesita.

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