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EL RAPTO DE EUROPA

  • Antonio
  • 23 ene
  • 5 Min. de lectura
La dama Europa raptada por el águila imperial yanki
La dama Europa raptada por el águila imperial yanki

Dice la mitología griega que Europa era una bella princesa fenicia, hija del rey Agenor de Tiro, que atrajo la atención de Zeus, el rey de los dioses, que decidió seducirla y llevársela a Creta sin que, además, ella fuera consciente ya que fue engañada debido a que Zeus adoptó la apariencia de un dócil toro blanco que, a su vez, atrae la atención de la princesa dejándose acariciar por ella y lanzándose a nadar a mar abierto hasta la isla de Creta. Una vez llegado allí Zeus recobra nuevamente su verdadera identidad que revela a Europa quien, por sí misma, no puede dar marcha atrás. Su secuestro o rapto sirve para darle varios vástagos entre ellos el legendario rey Minos de cuyo nombre deriva la civilización cretense o Minoica. Con esta introducción del mito griego voy a poner en pie la comparativa de cómo, en términos de realidad actual, el continente europeo está secuestrado -desde la perspectiva ciudadana- por las élites sociales y políticas que van conformando los distintos órganos o instituciones en el marco de la UE y que, además, no sirve a los intereses de los pueblos europeos sino al hegemón estadounidense, al decadente imperio yanki así como a los de las grandes corporaciones capitalistas. Quienes impulsaron eso que primero conocimos como CEE y, a la postre, como UE, quienes se adhirieron y construyeron una alianza político-militar llamada OTAN, sabían perfectamente que Europa iba a ser raptada, secuestrada, en el conjunto de la ciudadanía, por el toro blanco que representaban . La construcción de un bloque antagónico al soviético, en el contexto de guerra fría, se puso en marcha al finalizar la II GM y Europa, el continente que más sufrió la destrucción y muerte de la guerra, comenzó a ser un espacio fraccionado en dos bloques, como ya he apuntado antes, pero igualmente heterogéneo ya que en suelo occidental europeo coexistían democracias liberales y dictaduras como las de Portugal, España y Grecia. Pero es en la reconstrucción de la devastación europea donde se comienza a escribir un nuevo capítulo del continente que habitamos ya que los EEUU, a través de la implementación del famoso Plan Marshall, comenzó su implantación por esta vía de ayudas con presencia militar estadounidense. O sea la expansión de las bases militares comienza a partir de dicho plan de ayudas a la reconstrucción y, además, ligadas a la seguridad colectiva en el marco de la OTAN que se creó en 1949. Inversiones a cambio de poder militar, algo así como quien contrata un guardaespaldas para tu negocio. En el caso el matón ya adivinan quién era. Con este simple esquema igual pueden entender cómo se va conformando, entonces, la subordinación de Europa al poder imperial de EEUU como un espacio satelital de los intereses de este último.

Europa padece, sufre, una guerra cuya devastación no había sido conocida hasta entonces y nacida en las entrañas del nazismo (no confundas el término nacionalsocialismo con socialismo porque no es igual en ningún punto de vista), que no fue aplastado, como se dice, por el poder militar yanki. El nazismo, en su poderío militar, fue devastado en Europa fundamentalmente por el poder del ejército rojo soviético junto a las luchas partisanas en los distintos frentes y acciones aliadas. El cine de Hollywood, como medio de propaganda, nos ha hecho creer que fue el amigo americano quien se pasea triunfalmente como ganador en Europa. Pues no. EEUU no intervino en la II GM hasta que sus intereses geoestratégicos del Pacífico fueron pisoteados por el imperio nipón en 1941. Mientras tanto las corporaciones estadounidenses hacían negocio con la maquinaria nazi aunque fuera bajo la forma de pago en efectivo. La Alemania nazi necesitaba materias primas que EEUU podía proveerles sin que, eufemísticamente, se rompiera la neutralidad declarada de EEUU en conflictos bélicos ajenos, y las corporaciones yankis hacían caja con los nazis dando, por tanto, carta de naturaleza a un gobierno que durante años ya venía persiguiendo y ejecutando a cualquiera que se opusiera a dicho sistema, muy en particular las etnias, digamos, no blancas además de otros planes de extinción planificada. El imperio (aún en ciernes) se dedicaba a vender lo que fuera, incluso armamento tanto a un bando como a otro, y como diría un mafioso solo son negocios, nada personal. Así que hasta 1941 no entra directamente EEUU en la contienda a partir del bombardeo de Pearl Harbour, y en suelo europeo no hace presencia hasta 1942 cuando despliega tropas en Gran Bretaña, y a partir de ahí su participación en algunos frentes europeos especialmente en el desembarco de Normandía. Por tanto es a partir de 1942 cuando debiéramos considerar que Europa se iría subordinando a la maquinaria de guerra estadounidense. Pero el amigo americano, que ya había hecho negocio con los nazis, estaba viendo una ventana de oportunidad para mantener el negocio en Europa de una forma estable, como un matrimonio bien avenido. Y no creo que se deba explicar de otra forma, bajo la lógica capitalista, que no fuera por negocio. El final de la II GM dio origen, como ya he expresado, a un plan económico de ayuda a la reconstrucción cuyo precio político era la adhesión a los postulados yankis que, por extensión, le llaman postulados occidentales. De esta forma, el 4 de abril de 1949 tiene lugar la firma del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) cuyos países fundadores fueron Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia, y Portugal, constituyéndose una alianza que vinculaba seguridad económica y seguridad militar condicionada, por otro lado, a la política exterior estadounidense que, a su vez, se posicionaba como visceralmente anticomunista siendo esta la excusa mantenida hasta que desaparece el Pacto de Varsovia. A partir de ahí queda un solo bloque que, igualmente, ya no debiera haber seguido porque el enemigo desapareció, pero los enemigos también se crean cuando no existen porque, al igual, que la mítica princesa la voluntad del continente sigue secuestrada por el dios imperial. Una alianza que tiene 76 años de vida está cubriendo, probablemente, sus últimos años de existencia como la conocemos habida cuenta de la actitud del dios amenazante, coercitivo y chantajista Trump. Ya no hay un plan de ayuda económica vinculada a seguridad militar, no hay enemigo externo más que el que pretendamos señalar como tal, porque solo una organización que queda para la lógica de la guerra solo puede traer destrucción. Un dios decrépito, decadente, con las alas partidas, quiere seguir imponiendo a la vieja y decadente princesa Europa el nacimiento de nuevos hijos para seguir perpetuando el poder imperial, y los antiguos hijos de Europa andan desubicados, también raptados por el delirio de unas élites que no creen en la democracia y cada vez nos la muestran más como un unicornio azul que como una realidad que debemos transformar ya que ella, también, está secuestrada como la bella princesa. Quizá un día, y espero que no sea tarde, despertemos de la oscuridad de un mal sueño para enfilar un camino consciente, luminoso, y que al igual que Perséfone regresemos del Hades a la superficie trayendo luz y fertilidad alumbrando un nuevo renacer en la vida, una nueva primavera existencial. En ese camino consciente está la base para liberar a Europa del rapto de Zeus.


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