ECONOMIA DE RESISTENCIA
- Antonio
- hace 4 minutos
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Cualquier persona decente, en el contexto estadounidense, que tenga un punto de conocimiento y conciencia sabe que la economía del imperio al que pertenece y, del que igual no se siente parte emocionalmente activa, está sufriendo para mantenerse en pie gracias a los delirios del presidente neofascista electo que trata la nación como si fuera su imperio inmobiliario sin distinguir qué es qué y quién. Una economía que ha sido, tradicionalmente, depredadora de recursos ajenos y, por tanto, con ese marcado carácter imperialista propio del capitalismo avanzado que va evolucionando y que, por su propia dinámica destructiva, está colapsando. Una dinámica destructiva hacia el planeta, hacia las personas de fuera de sus fronteras o a gobiernos que osan desafiar el orden establecido por el imperio (véase el reciente caso de Venezuela, o Cuba desde hace 60 años, o cualquier punto del mundo donde haya un conflicto) pero, también, hacia su propia ciudadanía que alcanzó una mayoría de edad cuando se libraron del colonialismo inglés pero que navega a la deriva en estos momentos hacia el abismo de un océano existencial profundo que puede hacer desaparecer lo que hoy conocemos como el imperio yanki al igual que otrora existió la Atlántida y fue engullida bajo las aguas. Un océano de ignorancia marcada, además, por el odio al vecino de origen no blanco y migrante. O sea que si tienes un apellido hispano, hindú, vietnamita, japonés, chino, afgano o de cualquier punto del planeta ya te puedes ir despidiendo de seguir allí aunque seas de quinta generación. Acude la gestapo trumpista llamada ICE pegando tiros como si se tratara de una película de esas que a los indios o indígenas nativos se les masacraba en orden al progreso. Y cuento esto, a modo de introducción, porque casi nadie está contando lo que está sucediendo realmente en una república federada como es EEUU, en varios frentes. Los medios aliados, lacayos más bien, del imperio y sus secuaces, nos van a contar mermelada del país cuando en realidad habría que decir mierda helada. La economía está haciendo aguas por todas partes ya que sus indicadores macroeconómicos, incluso, les está fallando y por eso están a la deriva ya que los datos de la microeconomía, esa que toca al ciudadano de a pie, hace aguas desde hace no sé cuánto tiempo. Universidades que se quedan sin fondo con lo cual ya no pueden investigar simplemente porque el fascista de Trump habla de ser cuna de radicales, y aquí no sé si reir o llorar. Un tipo antivacunas llamado Kennedy, del clan, a los mandos de la sanidad que, por cierto, si no te la puedes costear ya vas siendo candidato a una muerte más que prematura, algo así como lo de Ayuso con las 7291 muertes en las residencias de Madrid durante la pandemia, o los casos en Andalucía con el cribado de cáncer. Migrantes que van cayendo en las redadas y deportados masivamente como si fueran delincuentes y usados, además, como moneda de cambio y presión hacia otros países. Invasión de países soberanos como, por ejemplo, Venezuela con el secuestro de su Presidente electo y su compañera y pieza importante en el engranaje político por su trayectoria personal. Una guerra comercial abierta con medio mundo mediante la implementación de aranceles rompiendo, de esta forma, el equilibrio en las relaciones comerciales bilaterales o multilaterales. Amenazas y más amenazas de seguir un plan de anexiones como Groenlandia que, además, pertenece a otro país de la OTAN llamado Dinamarca. Una retahila de actuaciones de un Presidente que no está loco. No, es un psicópata pervertido pederasta, delincuente convicto además que está camuflando sus problemas personales con la justicia con acciones exteriores a modo de cortina de humo. Porque aquí está una de las claves de por qué, en estos momentos, el imperio yanki está actuando como lo hace. Toda la careta de país democrático ya se le ha caído porque jamás lo fue en su sentido más profundo aunque vaya dando lecciones al mundo. El petróleo de Irak, la nueva ruta de la seda y del opio de Afganistán, el petróleo de Venezuela pero, también, el oro y tierras raras, la paz en Ucrania bajo condiciones draconianas para quedarse, igualmente, con tierras raras (para el uso de alta tecnología por ejemplo en materia de defensa), en realidad está destapando lo que siempre ha sido este imperio, un asesino en serie para quedarse con las pertenencias de sus víctimas y comerciar con ellas. Y eso, ahora, ya no es por una cuestión de codicia y aquí está el elemento nuclear. Es una cuestión de supervivencia de su propio poder que se le está escapando de las manos en un mundo que ha ido moldeando a su modo, sobre todo a partir de la desaparición del muro de Berlín y el derrumbe de la antigua Unión Soviética. Ese mundo unipolar se ha quebrado con las economías independientes de la influencia yanki como son los BRICS cuya influencia va creciendo gradualmente. Las relaciones son multilaterales y ya no hay una sola voz como la yanki que diga ordeno y mando. Eso se acabó pero es la soberbia negacionista del imperio la que está empujando a una nación al abismo en todos los sentidos. El sueño americano ya es una pesadilla, la gente mal vive, incluso, al borde las carreteras en caravanas o tiendas de campaña improvisadas, la industria antaño floreciente ha dado paso a un paisaje desértico porque deslocalizaron esa misma industria llevándosela a países de mano de obra más barata, y esto ya nos suena de algo por aquí. Si no tienes sanidad pública gratuita, si la educación universitaria se está empobreciendo, si tu infraestructura depende, ahora, del suministro de terceros países que, además, están en la órbita BRICS, si tienes una deuda de más de 34 billones de dólares y abonas anualmente en intereses casi un billón, si tus recursos naturales te están escaseando porque, además, consumes más de lo que produces entonces tienes un serio problema económico. Imagínate esto en una economía doméstica y pongamos un ejemplo a ver si lo entendemos. Tú eres alguien importante en tu barrio, te fabricas tus propios billetes para comprar lo que te de la gana y así, durante años y años, has ido acumulando poder y riqueza en base a esa fábrica de billetes que tiene en tu propia casa. Pero un día a ese vecino al que tú le comprabas con tus billetes resulta que ya no le puedes comprar con tus billetes porque no confía en tu moneda, porque esa tienda le vende a otros vecinos en otra moneda distinta y su clientela es pacífica, no le atropellan y cuida de su negocio. Entonces te das cuenta que lo que habías montado, en realidad, era todo una gran farsa aunque creyeras que desde afuera nadie se daría cuenta de ello. Vivías en tu propia mentira y entonces para financiarte tienes que vender deuda, tienes que tener compradores de tu deuda que has acumulado en base a tu historia sangrienta de empresas bélicas de incursiones por el barrio para pegarle al que no te cayera bien, y eso ha consumido muchos recursos porque has tenido que pagar a matones, comprar herramientas para destrozar vehículos, edificios, para sabotear una y otra vez, para pagar a tus confidentes. Y entonces, en ese bucle, van surgiendo vecinos que se organizan entre ellos y no usan la misma moneda que tú, han comprado tus armas pero para desarrollar otras que inutilicen las tuyas, han abierto nuevos negocios y te están aislando donde más te duele. Finalmente has perdido el control aunque conserves los aliados de siempre, esos lacayos lameculos (como Europa en el caso) que poco o nada tienen que decir ante el empuje del vecindario organizado que comercia al margen de tu influencia. Y ya ni siquiera la fuerza con la que creías contar te vale porque, ciertamente, en tu propio edificio hay voces discordantes con el empleo de esa fuerza, ya no creen en ti y han descubierto tus debilidades poniéndolas al descubierto. Tu misma comunidad de vecinos (la propia justicia estadounidense al caso, contra Trump) va a imposibilitar que sigas ejerciendo, incluso, el poder que dices tener. El vecindario, el tuyo también, se ha levantado contra ti y tus compinches porque han olido el miedo que tienes. El miedo a perder y ese es el principio de la derrota. Creo que este ejemplo ilustra perfectamente, hasta aquí, los movimientos del trumpismo. Actúan desde el miedo y con la mentira como falsa bandera de la verdad construyendo un relato (como el de Venezuela) que luego no se sostiene siquiera por ellos mismos. Trump y sus secuaces tienen miedo a esa pérdida de poder mundial que, además, va a originar una nueva crisis económica que puede salpicar, y bien, a los países que tengan mucha dependencia de la influencia del dólar. Porque lo que, realmente, está ocurriendo es la desdolarización de la economía mundial que se está llevando, simultáneamente, con la venta de deuda que ya es un lastre para los acreedores de esos bonos del Tesoro yanki. China acaba de vender, en estos días, unos $677 mil millones, o sea 0,677 billones$ con lo que ha soltado lastre. ¿Por qué ahora? Pues porque de no hacerlo hoy la pérdida para China, y el entorno BRICS, sería mucho mayor mañana, y es que saben que el dólar va a ir colapsando por la soberbia ignorante, por la necedad de un gobierno sediento de sangre imperial que está abocado al fracaso. He oído que esto va a traer una nueva crisis financiera con lo que yo, de quien tenga alguna inversión en algún fondo lo vaya rescatando cuanto antes mejor. Mi consejo de lego en la materia es que cuanto menos dinero tengamos en ahorros puestos en un fijo mejor que mejor, y si tienes efectivo guardado en tu casa ni te cuento. La economía yanki se está acercando, si no lo está ya, a una economía de resistencia o economía de guerra, esa que supone carecer ya de elementos básicos para el día a día. Los EEUU, en su sueño, han olvidado que los sueños de la razón producen monstruos, que nada es eterno y, por eso mismo, todos los imperios caen y no se vuelven a levantar. O sobreviven en su mutación, como hizo el imperio romano con el disfraz de la iglesia católica, o desaparecen como la práctica totalidad. La nueva realidad nos dice que estamos, como la vida misma, en un proceso histórico de incertidumbre donde un país como España tiene la oportunidad de soltar amarras del amigo americano porque aquí ya no va a ser bienvenido Mr. Marshall, porque si no deja se ser una comparsa (Europa) del imperio entonces nos arrastrará, una vez más, al borde del abismo. Y las salidas de estas crisis no pueden ni deben estar en manos de la extrema derecha, como ya he apuntado en artículos anteriores, que es lo que siempre pretende el gran capital, sino en posiciones avanzadas de la izquierda combativa que sea capaz de dar un golpe en la mesa y poner coto a esa actitud lacaya con lo que conlleva en todos los terrenos. Eso significa abandonar la OTAN, recuperar la soberanía (de lo que hablaré en otro momento) en varios frentes (alimentaria, energética, científica, defensiva etc.) para que se pueda ser más autosuficiente sin olvidar que nuestro encaje en el nuevo orden internacional multipolar no puede pasar ni un minuto más por el enfrentamiento o el aislamiento de otros países que, además, son ricos en recursos naturales. Tratarlos de igual a igual sin injerencias es un principio elemental de cualquier relación internacional, sobre todo si tú solo ofreces sol y playa, urbanizaciones de lujo vacías casi todo el año, muchos bares de todo tipo. O sea no tienes nada porque ni siquiera eres capaz de implementar una industria propia ya que está subordinada a capital extranjero, luego es mejor entonces entrar en otra dinámica alejada de la hipocresía esa de la que vamos haciendo gala. Yo no hago negocios con Rusia, Irán o Venezuela porque lo dice el yanki, porque lo dice la UE, pero sí con Arabia Saudí, Qatar, Marruecos, Israel (con un genocidio en directo), es una actitud a abandonar cuanto antes mejor y pasar a la ofensiva reforzando lazos con los BRICS como socios estratégicos. Porque en lugar de apostar por la guerra en Ucrania, como se ha hecho, se hubiese apostado por la diplomacia en el año 2022 ya se habría acabado esa contienda, evitando miles y miles de muertes y destrucción además de no haber sufrido coste energético alguno y encarecimiento subsiguiente de precios. La lógica de la guerra solamente trae economía de guerra que pagan los de abajo, una economía de resistencia cuando todo puede estar perdido de antemano. En una dinámica destructiva al final se vuelve al bucle de retroalimentación negativa de forma que, finalmente, entras en movimientos de regresión y contracción, de retirada sin aprender nada de los errores del pasado. Quien no aprende de sus errores es por su propia soberbia que lo vuelve ignorante, por querer aplicar las mismas fórmulas de derrota para obtener victorias. Y es aquí donde podemos decir que el imperio, junto a quienes lo sigan y dependan de él, está en una fase autodestructiva como consecuencia de la resistencia al cambio. Pero no olvidemos que lo que, de verdad, debemos superar no es una crisis que venga sino al propio capitalismo.


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