TARTESSOS, LA ULTIMA LUZ DE UNA CIVILIZACION
- Antonio
- hace 3 días
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Tartessos fue una civilización brillante, que aplicaba técnicas de metalurgia y orfebrería de gusto exquisito, de lujo, con cuyos resultados solían comerciar con un pueblo fenicio que abrió puertos y almacenes, rutas comerciales, y ciudades justo al calor de esa actividad que dominaba desde el mediterráneo al atlántico. Los Tartessos tuvieron y mantuvieron durante un milenio una serie de logros y avances que ni los contemporáneos podían explicarse, dadas las circunstancias o el contexto en cuanto al nivel tecnológico en la Península. Logros que paso a exponer de forma didáctica:
Metalurgia excepcional:
- dominio del oro, plata y cobre con técnicas avanzadas de refinado
- aleaciones y tratamientos térmicos, difíciles hoy de explicar
- objetos rituales y ornamentales de gran perfección geométrica
- explotación sistemática de minas (Riotinto, Tharsis, en Huelva), con métodos al parecer heredados de una tradición técnica anterior. Sí, la tradición atlante varios miles de años antes.
Navegación y control marítimo fluvial
Los fenicios, potencia marítima del Mediterráneo, reconocieron en Tartessos una cultura capaz de:
- Construir embarcaciones robustas, aptas para marismas, estuarios y litoral atlántico
- Dominar rutas fluviales del Guadalquivir, esenciales para el comercio interior
- Gestionar puertos naturales y enclaves estratégicos en la costa atlántica
- Integrar navegación marítima y fluvial en una red comercial coherente
Organización política estable
Los fenicios difundieron la imagen de Tartessos como un reino estructurado y sorprendentemente estable.
- Monarquía centralizada, representada por Argantonio.
- Larga continuidad dinástica, inusual en la península.
- Capacidad diplomática, con tratados y acuerdos comerciales.
- Administración territorial eficaz, visible en la distribución de asentamientos.
Economía próspera y diversificada
Tartessos era conocido por una riqueza que los fenicios consideraban extraordinaria.
- Agricultura avanzada en tierras fértiles del Guadalquivir.
- Ganadería organizada, con excedentes exportables.
- Industria artesanal de cerámica, tejidos y metal.
- Comercio internacional, conectando Atlántico y Mediterráneo.
- Acumulación de metales preciosos, que los griegos describen con admiración.
Cultura simbólica y religiosa sofisticada
Los fenicios identificaron en Tartessos una religiosidad profunda y elaborada.
- Santuarios costeros y fluviales, vinculados a navegación y fertilidad.
- Rituales metalúrgicos, donde el metal tenía valor sagrado.
- Iconografía híbrida, con símbolos atlánticos y mesolíticos.
- Cosmovisión estructurada, que los fenicios interpretaron como “antigua” y “sabia”.
Urbanismo y planificación territorial
Los fenicios describen asentamientos tartésicos con rasgos que no encajan en culturas ibéricas tempranas.
- Núcleos especializados (artesanos, comerciantes, metalúrgicos).
- Almacenes y depósitos para excedentes agrícolas y metalúrgicos.
- Control de rutas naturales: marismas, estuarios, desembocaduras.
- Integración del paisaje en la estructura urbana.
Prestigio internacional
Los fenicios no solo comerciaron con Tartessos: lo difundieron.
- Lo mencionan como tierra rica y organizada.
- Lo presentan como sociedad avanzada en el extremo occidental.
- Lo integran en redes comerciales de prestigio.
- Lo transmiten a los griegos, que lo idealizan como un reino próspero y antiguo.
Con estos elementos expuestos la deducción lógica de quiénes eran los Tartessos nos llega de forma clara y precisa. Eran los descendientes de la fusión de la cultura atlante y pobladores mesolíticos del SO peninsular, que constituyen -como civilización- la fase final de una ancestral procedente de la Atlántida, la última luz. No nace de la nada sino de la evolución sostenida en el tiempo durante miles de años, cuyos avances son reconocidos tanto por pueblos antiguos y contemporáneos como los fenicios además de por la arqueología oficial y que, a día de hoy, parecen difíciles de explicar lo cual le da ese halo mistérico, cuasi mitológico. Pero, por encima de ello, hay una cuestión para mí importante como andaluz, como integrante de un territorio con memoria heredero e integrador de múltiples civilizaciones. Se trata de considerar a la civilización Tartesia como proto andaluza, como la primera nacida, desarrollada y colapsada en territorio que hoy conocemos como Andalucía gracias a que 1200 años después se fundó Al Andalus sobre el suelo que antaño habitaron Turdetanos (íberos cultos) y antes Tartesios. Éstos habitaron Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva, le dieron fama al territorio ocupado por sus trabajos de refinado gusto, por sus técnicas desconocidas y avanzadas aunque, sin embargo, hay una paradoja enorme ya que no quedan huellas de nombres de asentamientos a pesar de la huella cultural y la única, pero potente, referencia que tenemos es la que hacen los fenicios respecto a Tharsis en Huelva (Onuba), en el extremo occidental. Sabemos que la orfebrería yace en la memoria cultural andaluza pero muy especialmente en Córdoba, justo donde hace 3500 años brillaba Tartessos y 1200 años después el califato omeya. La historia nos enseña que los procesos se mueven en una dialéctica de avance que culminan en su propia destrucción o colapso. Cuando Tartessos colapsa sobre el S. VI a.e.c., no es por aniquilación violenta sino por decadencia propia de una sociedad incapaz ya de seguir evolucionando, creando, adaptándose, pero que no desaparece hacia la nada sino que se diluye con un pueblo, el turdetano, también autóctono, considerado íbero culto y heredero de la tradición tartesia. Este pueblo, morador, del Levante y SE peninsular debió coincidir en su fase expansiva con los Tartessos en su fase regresiva o de desaparición. Y es en este contacto donde los turdetanos habitan el mismo territorio en el que se encontraban los tartessos aprendiendo de éstos sus técnicas y heredando, probablemente, artes y leyes suyas. Tanto tuvo que ser el aprendizaje de la metalurgia con técnica depurada que los romanos encargaban a este pueblo íbero la fabricación en hierro de la espada corta, la famosa gladius hispaniensis que adoptaron (los romanos) para su ejército, que era una espada de doble filo. El avance técnico que los turdetanos imprimen a esta pieza en combate fueron, en realidad, tres: tamaño más manejable, forja excepcional, y doble filo. Algo que a Roma le fascinó ya que suponía obtener un arma más eficiente y eficaz a la vez. Este trabajo con el hierro fue aprendido, como aprendizaje de metalurgia, de los Tartessos. Quizá fuera el último destello de una civilización brillante, no belicista, laboriosa y creativa a la par que dada al gusto exquisito del refinamiento en sus trabajos. El último destello que llegó hasta los dominios de un nuevo orden, esta vez sí militarista dominado por Roma. Y en esa espada, en los personajes nacidos en territorio andaluz como los emperadores Trajano y Adriano, el filósofo Séneca, o el poeta Lucano entre otros, hay una luz de una proto civilización andaluza llamada Tartessos nacida, desarrollada y diluida en ese mismo territorio donde se cimentaron las bases de nuevos mestizajes, nuevos encuentros entre pueblos que mucho tiempo después volvieron a dar esplendor a esta tierra y que nunca llega desde la exclusión. Reclamar, pues, a Tartessos como la cuna de una civilización andaluza no nos debe parecer un ejercicio de ficción o producto de una mente calenturienta que se abrasa en la megalomanía. Tartessos fue una civilización conocida en su época, en un contexto territorial concreto que ocupaba la mitad del territorio que hoy es Andalucía, y que su luz casi extinta también guió los pasos a otro pueblo, el turdetano, encuadrado en íberos y que no solamente ocuparon el territorio tartesio sino que su influencia se expandió hacia Granada occidental y Jaén, siendo en Granada donde habitaban otros moradores íberos llamados bastetanos quedando las provincias de Málaga y Almería con una influencia tartesia- íbera apenas perceptible
Zona | Cultura dominante | Influencia tartesia | Observaciones |
Huelva–Sevilla–Cádiz-Córdoba | Tartessos / Turdetanos | Total | Núcleo originario |
Jaén | Turdetanos / Íberos | Alta | Continuidad directa |
Granada | Bastetanos con influencia turdetana | Media | Frontera cultural |
Málaga–Almería | Bastetanos / Fenicios | Baja o imperceptible | Influencia comercial |
De esta forma podemos asegurar que Tartessos constituye la proto-civilización territorial de la Andalucía occidental. Los turdetanos, herederos directos de su cultura, extienden esa identidad hacia el sureste —Jaén y parte de Granada—, completando el mapa simbólico de una Andalucía unificada en su raíz prehistórica Pero, igualmente, hay que indicar que los bastetanos mantenían una cultura urbana muy similar a los tartessos por influencia de fenicios y griegos, que conocieron directamente a la civilización tartesia. De los fenicios sabemos, incluso, a través de la Biblia que comerciaban con minerales de Tharsis. De los griegos sabemos que un desconocido para mí como Hecateo de Mileto (antes de Herodoto) ya mencionaba a Tartessos en el S. VI a.e.c., a través de una triple designación como ciudad, como río y como región. Y el conocimiento directo de los griegos debió llegar a través del contacto de los focenses (griegos de Asia menor, actualmente Turquía) con los Tartessos. Como ciudad, la identificaremos como Huelva en su entorno minero de Tharsis y Riotinto. Como río, Guadalquvir (el gran río) donde se asentaron hasta la desembocadura en Cádiz y Huelva. Como región, el SO (Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba)
En definitiva, hay dos polos culturales que confluyen en un mismo territorio. El polo occidental, influenciado directamente por Tartessos y Turdetanos. El polo oriental, influenciado por Bastetanos que, a su vez, recibían influencia de fenicios y griegos, que proyectaban la alargada luz de Tartessos, la última luz atlante.



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