LOS GUANCHES, HERENCIA ATLANTE
- Antonio
- 25 jun
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En los artículos dedicados a la civilización atlante, una de las cuestiones expuestas fue el asentamiento de pobladores atlantes en las islas de Lanzarote y Fuerteventura por ser éstas las más cercanas a la plataforma atlante original antes del cataclismo. En ellas los atlantes se aprovisionaban básicamente de agua dulce asegurada mediante sistemas de escorrentías, agua que se acumulaba de forma natural en depresiones naturales, en suelos volcánicos finos etc., de forma que el agua era vital para su hidratación durante las rutas abiertas hacia las Azores y en los bancos emergidos; proteínas marinas de bajura ya que la zona debía ser un buen caladero y ya que eran pescadores de litoral organizaron los asentamientos orientados a la pesca de corrales de marea; la obsidiana, una piedra volcánica de una dureza metálica que podrían obtener de los Ajaches (Lanzarote) y Tindaya (Fuerteventura) y cuyo uso les daba bastante autonomía como útiles tanto domésticos de precisión; madera ligera para reparar embarcaciones y, consecuentemente con lo anterior, lugares de refugio retomar posteriormente la ruta que debían seguir quedando, asimismo, un contingente estable para que todo ello fuera posible.
Así, básicamente, es como comienza la aventura atlante en estas islas de Canarias por lo que se supone fueron moradores más originarios que los que conocemos como guanches, descendientes de los bereberes del Atlas marroquí. ¿Qué significa esto, conociendo el avance de la civilización atlante? Supone que la presencia atlante en estas islas dio estabilidad logística a la plataforma central ya que el aprovisionamiento y almacenaje estaban garantizados, pero lo más importante hacia afuera es la huella en el trabajo con materiales autóctonos como la obsidiana convertido en “metal volcánico”, un material de precisión de varias utilidades que exportaban tanto a sus vecinos oceánicos como al SO peninsular. Una materia trabajada con la técnica atlante que transformaba la obsidiana, por tanto, en hojas, puntas, armas ligeras para defensa y caza. De esta forma el trabajo con obsidiana tuvo que desplazar al metal clásico en corte limpio, raspado, perforación, tanto en madera, fibras vegetales como en la pesca. Si los pobladores atlantes obtenían y moldeaban la obsidiana podían trascender a su propio uso y comerciar con el material transformado, con lo que la zona se convierte, por tanto, en punto de provisión, centro técnico y nodo comercial, con la creencia que dichos pobladores eran los receptores de expediciones. Así es como, desde esta reconstrucción, se puede entender una transformación en dichas islas de forma que la sabiduría de la pesca litoral adquirida en la plataforma con las trampas circulares concéntricas aquí se aplica, por ejemplo, en el corral de mareas de forma que los peces de cierto tamaño quedaban atrapados y que, por supuesto, no eran los túnidos ya conocidos sino de un tamaño muy inferior. Así, pues, es como podrían haber practicado la pesca litoral de Viejas, Salemas, Mojarras, Cabrillas, Morenas, Lisas, Jureles pequeños, Lenguados, fundamentalmente por su tamaño mediano- pequeño, de forma que al bajar la marea quedaban ya atrapados. Es probable que estas consideraciones puedan ser tachadas de pura ficción, pero debo recordar entonces que ningún “vacío” arqueológico oficial justifica la no presencia de una determinada civilización puesto que las culturas suelen nacer de la fusión, del mestizaje de culturas de distintas procedencias. Y esto es lo que, muy probablemente, volvió a suceder con el encuentro atlante- bereber o amazigh, una fusión cultural entre una población tecnificada, asentada, y otra pastoril, procedente del Atlas marroquí. El mestizaje es el intercambio de dar y recibir por igual. Así, pues, un peninsular como yo puesto en la piel de un insular canario intenta entender, al igual que con Tartessos, que las culturas no nacen de la nada sino de la continuidad, y esa cultura pluralista va dando forma a un pueblo, a su memoria ancestral que hereda. De esta forma los bereberes aportan ganadería organizada y los atlantes ingeniería de agua, por poner dos ejemplos que cuando se contraponen son complementarios, y de dicha complementariedad es como surgen nuevas culturas. El bereber llega a las islas, aprende e integra el saber atlante, se queda como nuevo morador que, entonces, va dando forma a otra realidad considerando, además, que los bereberes ya eran un mosaico antes de asentarse en las islas. Valga como ejemplo lo expuesto en el siguiente cuadro de forma esquemática:
Técnica | Raíz atlante | Adaptación guanche |
Corrales de pesca | Ingeniería costera atlante | Mantenimiento y uso ritual de los charcos de marea |
Arquitectura de piedra seca | Cabañas circulares y almacenes atlantes | Cuevas y muros de piedra con función doméstica y funeraria |
Captación de agua | Gavias, nateros, escorrentías | Pozos y aljibes con ampliación comunal |
Talla de obsidiana | Industria atlante de precisión | Herramientas domésticas y armas rituales |
Pastoreo extensivo | Majadas atlantes y rutas estacionales | Ganadería guanche con control de pastos y marcaje simbólico |
Así que ya hemos dado un paso que nos lleva a otro. Si los moradores atlantes se encuentran con población bereber, con el transcurrir de los años evolucionan y van dando forma a una nueva cultura que conocemos como guanche que le da identidad a la población canaria, cuya punta de lanza fue en su momento Lanzarote y Fuerteventura, el siguiente paso es que la comunicación insular-peninsular tuvo que ser, al menos, durante un tiempo habitual ya que la población atlante del SO peninsular mantenía contacto habitual con las islas lo que, obviamente, produce una sinergia de importación de técnicas, igualmente, de la población mesolítica del SO peninsular como la técnica de la salazón. La nueva realidad cultural en marcha ya habría asimilado esta técnica antes de la presencia romana, habida cuenta que existía sal natural (salinas de Janubio, por ejemplo), había pesca costera, almacenamiento en cuevas, y conocimientos de secado y ahumado. Esto nos lleva a que técnicamente podrían haber implementado sin apenas dificultad dichas técnicas, ya que éstas son la combinación de sol + pescado + tiempo + sal, y de todo ya tenían por entonces. Así que el contacto con el SO peninsular, a través del atlante residente en la zona, propició este conocimiento y dar continuidad a dicha técnica en las islas que, además, debió fortalecer la economía local. Una economía que debió crecer con la fusión cultural, para generar recursos en agricultura, ganadería, pesca y salazones, ingeniería de agua para consumo e intercambio, industria técnica basada en la obsidiana, lo cual le daba autosuficiencia y posibilidades de intercambios.
Por tanto la influencia atlante debió darse, al ser una civilización oceánica que habitó algunos milenios sobre su propia plataforma emergida y en contacto con otros pueblos oceánicos de alrededores. La influencia atlante en Canarias se extendió en el tiempo, puesto que tras el cataclismo la población que estaba en los puntos de Lanzarote y Fuerteventura quedó asentada definitivamente aunque, eso sí, sin perder el contacto con la Península como ya he comentado pero tampoco con los antiguos vecinos oceánicos concentrados, ahora, en las islas Azores fundamentalmente. Pero si las islas mencionadas fueron habitadas, otros puntos cercanos a las mismas tuvieron que ser exploradas y, en forma alguna, trabajar en sus recursos ya que las distancias permiten esta hipótesis. Son los casos de la isla de Lobos (2 kms), La Graciosa y Chinijo, que son una extensión de natural de Lanzarote, entre 1y 5 kms. Por tanto, estos puntos menores mencionados serían de paso, como puntos de pesca y fondeaderos. Tan corta distancia, pues, hace pensar que la presencia atlante era cotidiana. En cuanto al resto de islas, las distancias mayores pudieron, digamos, frenar el ímpetu explorador pero tampoco sería descartable considerando que tras el cataclismo las Azores y el SO peninsular quedaba aún más lejos, lo que debió espolear a contemplar la posibilidad de adentrarse hacia Gran Canaria, a una distancia aproximada desde Lanzarote entre 110-120 kms, y de Fuerteventura 90-100 kms, ya que tampoco eran distancias insalvables. Una distancia de 100 kms puede suponer una navegación de 20 horas netas de remo, lo que nos indica que tendría que haber una tripulación de entre 6 y 10 personas de las que remaran activamente entre 4 y 8 dependiendo del tipo de embarcación que, entiendo, no sería muy sofisticada. Estaríamos hablando de embarcaciones tipo balsa de odres sin gran vela, o canoas, pero tratándose de una civilización avanzada no me extraña que la embarcación utilizada fuera muy funcional y ligera para su manejo. Como quiera que sea, esa distancia a Gran Canarias es plausible manejarla para que la isla fuera visitada por los moradores de las islas orientales aprovechando un tiempo adecuado entre primavera-verano considerando vientos (alisios del NE), la corriente atlántica canaria suave y la casi ausencia de mar de fondo. El conocimiento profundo del clima les otorgaba ventaja en su aplicación, lo que sus salidas en dichas estaciones fueran a primera hora de la tarde para, de esta forma, llegar al mediodía de la jornada siguiente. Pero la pregunta es qué pudieron encontrar en Gran Canaria, por ejemplo, que no tuviesen en su lugar de morada habitual, que les mereciera la pena entablar travesías de 20 horas. Lo que Gran Canaria ofrecía era agua dulce, madera de calidad, fauna inexistente en las islas orientales, tierra fértil y variedad agrícola, cuevas naturales para vivienda y almacenamiento, minerales y rocas como basalto o piedras para molinos. De esta forma la influencia atlante se consolidó no ya como civilización única, sino en el mestizaje con los bereberes, en la expansión guanche. En el devenir del tiempo los encuentros entre pobladores de orígenes diversos iba moldeando la identidad de las islas que, ciertamente, tampoco es uniforme teniendo en cuenta que las orientales y las occidentales presentan rasgos diferenciados. Pero lo que, entiendo, es que una civilización oceánica, avanzada, que habitó el Mar de Atlante (hoy conocido como Océano Atlántico y que se extendía por la franja mediterránea norteafricana) dejó su impronta en parte del archipiélago de forma directa y, a través del mestizaje, en casi todo el conjunto del mismo. En realidad esta es la historia de la humanidad, donde lo que va muriendo va dando paso a una nueva realidad.







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