A la vida debemos bailarle, cantarle, reírle tanto como llorarle cuando hace falta pero, ante todo, amarla profundamente. Esa vida a la que nos aferramos en ocasiones es efímera, superficial, que pasa de puntillas y no arraiga en nuestros corazones porque, en realidad, es la que hemos generado. Creamos vida pero la pregunta es de qué tipo, qué calibre existencial tiene, si fluye o se encuentra estancada, si tiene color o solo grises, si tiene fragancia o es inodora, si tiene